Paraíso al revés

El otro día mientras picaba una cebolla me rebané un dedo, prácticamente me corté la yema. Entonces lo que hice fue pegarla otra vez. La dejé ahí creyendo que se adheriría de nuevo a la carne y sus fibras recobrarían la entereza de antes, fundiéndose y confundiéndose con sus fibras hermanas, brevemente ausentes. Pero no fue así. El trozo de piel quedó mal, pegado como por encima, endeble de uno a otro borde. Entonces pensé que eso pasaba un poco como cuando una mujer que amamos nos deja un buen...

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La Universidad de Colima, en bancarrota

El saldo que ha dejado hasta ahora el rector Aguayo al frente de nuestra máxima casa de estudios ha sido decepcionante. Si los que apoyamos al principio su liderazgo lo hicimos movidos por la necesidad de devolverle a la universidad su carácter humanista y su vocación social y estrictamente académica, y Aguayo López nos engañó como a chinos con el cuento de soy el lobo con ropaje de cordero, hoy, después de casi cinco años, nos damos cuenta de que el mayor proyecto del rector Aguayo ha sido el Sorteo...

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Los escritores y la inmortalidad

Los miro, desde este lado de la ventana, batirse en el coliseo todos los días y pienso: ni las columnas semanales en los periódicos, ni las publicaciones periódicas en revistas, ni las entrevistas de radio y televisión, ni la membresía a clubes o talleres literarios, ni las peroratas contraculturales, ni su proselitismo crónico, etcétera, etcétera, harán su obra ni más ni menos perdurable.

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Juegos del tiempo

Dos niñas jugando muñecas en el living de mi casa: una usando una carreola para llevarlas y otra una carretilla para traerlas; una camita para que duerman la siesta; una vajilla de porcelana y unos cubiertos de plástico para la merienda. Dos niñas jugando muñecas en el living de mi casa aquella tarde de domingo, dos niñas dando vueltas en círculo cogidas de las manos: una de dos años y otra de ochenta, una con el pelo blanco y la otra castaño, una que va llegando a la vida y...

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La mujer que compraba botones para la camisa rosada

Cuenta la fábula (que no es de Esopo ni de Monterroso, sino de un escarabajo apellidado Kafka) que en aquel pueblo fantasma vivía una mujer con carita de garza que, un día, conoció a un hombre fornido con ojos de sapo, quien, a la menor provocación, le preguntó a la mujer con carita de garza que, de no tener inconveniente, le gustaría saber a dónde se dirigía, porque a él, es decir no al escarabajo apellidado Kafka, inventor de esta fábula, sino al hombre fornido con ojos de sapo, le...

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Epigrama I

el poema social roto con su muñoncito de mano que le dejaron los contrarrevolucionarios o imperialistas de bombas homicidas ya no puede pelear/ aquí habría que suscribirlo: 1 de abril de 1974, y habría que abrir un expediente criminal, de una buena vez /e inmediatamente empezar a caminar las calles que dejaste, recordártelas con el muñoncito sin fuerza sin espada el muñoncito con el recuerdo de tu mano asida a la mano que fue: la que escribió en la postal enviada desde Japón, la que acarició tu espalda en la...

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Un canto sin orillas

poema que va naciendo con la luz del pájaro, esta mañana, aquí, en el compás de lo imprevisible/ escritura que no conspira contra nadie y hasta en ello se equivoca/ ¿se equivocan acaso los que aman? ¿también los que no aman se equivocan? si ha dicho luz, ha dicho pájaro: esta mañana, aquí/ pero mejor si ha dicho lo imposible: el agua fría del surtidor que lo moja, el tierno verdor de tus ojos, una camisa de fuerza lo imborrable, ¿lo ha dicho entonces? ¿se quedó en la mitad del...

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Yo también fui un niño Campoverde

Lo peor que le puede pasar a un niño colimense clasemediero (en nuestros tamemes o mulatillos ni pensarlo) es entrar al Campoverde. Erigido colegio mexicano modelo a nivel Asia-Pacífico (aquí debe ir inscrita la rimbombante palabra primer mundo), el Campoverde es el paradigma de todo el basural que significa nuestra sociedad de clases, nuestra sociedad de élites y guetos. Eso es lo que fomenta y ha fomentado siempre el Campoverde: nosotros somos mejores porque no nos parecemos a México sino a aquellos países de hombres blancos y barbados, civilizados y...

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Padres e hijos

Empieza uno luchando porque se salgan de nuestra sábanas y aprendan a dormir solos, allá en la oscuridad del cuarto que les hemos ataviado con una pequeña lucecita que les ayuda a espantar fantasmas tísicos o duendes malhechores, en ocasiones incluso aplicándoles severos castigos que van desde dejarlos sin el chocomilk de la mañana o el postre de nieve de cereza de la tarde, sin importarnos verlos llorar en el corredor en mitad de la noche con lagrimones que dicen papi estoy soñando feo, y terminamos, de igual modo, pero...

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Lejos no es en la siguiente esquina

Hay días que, contrario a otros días, subo a la colina sólo para ver el mar. Días, como este día, en que (en lugar de correr) me siento al lado de la cerca de piedra para hacerme preguntas que no tienen respuesta. Preguntas sobre la amistad, sobre el amor, preguntas sobre la lealtad, sobre el desencanto, preguntas sobre la represión o el odio. Sentado sobre un tronco frente al mar inabarcable, me hago preguntas sobre los días que se pierden en las entretelas de la noche y sobre los hombres...

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