Ejercer la crítica

El otro día me preguntaba por qué el pensamiento crítico, sobre todo en las sociedades en crisis, es tan incómodo pero al mismo tiempo tan irrenunciable, y entonces caí en la cuenta de que es como esa lancha que, recta en trayecto y a una gran velocidad, parte las aguas del mar hacia un lado y hacia otro, y, más que congregarlas, las disgrega en su parecer o perspectiva, tal como se contrapuntean las opiniones del público y su crítico, que, también como las aguas del mar, ve cómo la...

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Lector ideal

He tenido ganas de confesarlo desde hace muchos años, pero al final del día me ha vencido siempre la vanidad o el orgullo. Ahora que estoy en la intimidad de mi habitación, rodeado de libros abiertos por el medio, sin que nadie me vea o escuche (mi mujer y mis hijos duermen ya), tengo que decirlo antes de que otro lo diga por mí: soy un pésimo lector. Me avergüenzo de mí mismo de no ser ese lector ordenado, sistemático, que termina lo que empieza, que persiste en un género...

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Mensajes de segunda mano

No sé por qué tengo la costumbre, buena o mala, de contestar todos los mensajes electrónicos que llegan a mi bandeja de correo, incluidos aquellos en los que me insultan. Es como una fuerza mayor a mí mismo. Trátese del mensaje de un amigo entrañable o de un completo desconocido que me escribe para preguntarme si uso Messenger o Skype, yo me aplico a contestar. Tal vez por esa razón ahora me llegan cientos de mensajes de esos supuestos banqueros que me piden mi cuenta para transferirme no sé cuántos...

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La vida en el espejo retrovisor

Aquella tarde volvimos del centro comercial, a donde habíamos ido a comprar una bomba de aire para la bicicleta de mi hijo. De paso, aproveché para ataviarla también con un pequeño portaequipaje, un bote de agua, un cubre asiento y un espejo retrovisor. Era la tarde y caía una lluvia casi imperceptible cuando empecé a ponerle los perifollos. Primero el portaequipaje, luego el cubre asiento, después el bote de agua y por último el espejo retrovisor. Como no podía ajustarlo en la medida correcta, le llamé a mi hijo para...

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El oficio

El otro día mi mujer, como pocas veces, me dijo que mi al vuelo titulado Con los pies en la tierra le había parecido bien, pero que habría preferido que lo hubiera escrito en tercera persona. No me dijo que le parecía engreído o moralmente temerario, cosa que el lector podría haber notado fácilmente, sólo me dijo que le habría gustado en tercera persona. Viniendo de mi mujer, no titubeé en creer que tenía razón. Un texto en tercera persona puede salvarnos, como se sabe, de toda sospecha. Uno está...

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El intelectual hoy

    El mundo le exige que sepa demasiado, pobre. Que tenga una opinión sobre todas las cosas habidas y por haber, que esté preparado para contestar las más intrincadas preguntas, los entuertos más insufribles, no puede equivocarse, tampoco dar marcha atrás sobre aquello que piensa o cree, y con todo esto yo me lo imagino, al pobre, leyendo absorto, cada día, todos los días, escrupulosa aunque desganadamente el periódico y el semanario, la revista mensual, y, para no perder la brújula, revisando el noticiario vespertino de aquí, de allá, reflexionando...

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Los pies sobre la tierra

De pronto, mientras entraba en el mercado Constitución, me di cuenta de que el status o el mejor nivel de vida adquirido o incluso la necesidad de ello, me obligaban casi por un acuerdo tácito a olvidarme de mis viejos hábitos, aquellos tiempos de precariedad en que tenía que andar, digamos, a pie o en autobús, usar microbuses, comer en fondas o mercados, como en los tiempos en que estudiaba leyes, evitar la ropa de marca, etcétera. Pronto me di cuenta de que si yo quería seguir viendo la vida...

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El escritor y la fama

La profesora Mizuho me lleva a conocer la biblioteca de la Universidad de Kobe. Es una biblioteca pequeña pero con una excelente colección de literatura española y latinoamericana, autores clásicos que conozco muy bien, al menos de nombre. Incluso en mi presunción atino reconociendo las editoriales con sólo ver el lomo de los libros, y hasta le comento de algunos autores que son mis amigos. Mira, digo mostrándole la foto de la contraportada, éste es mi amigo. Pero lo que me parece curioso es cuando la profesora Mizuho me habla...

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Aeropuerto de Osaka

Cuando hay nubarrones en la telita que recubre los ojos, no es difícil que la mirada pueda ver un montón de cuerpos mutilados donde en realidad hay un oasis.  Como siempre, entonces, la realidad depende del cristal con que se mira, de ahí que no sea siempre –la realidad- eso que tú quieres creer. Es importante, por tanto, ejercitarte en esto: cuando el mundo se te agolpe negro, cruel, un mero páramo sin futuro, no olvides que, en ese mismo instante, y quizá justo al lado tuyo, una pareja de...

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El vendedor de mandarinas

El otro día me quedé dentro del carro para esperar a mi mujer, que había bajado a comprar un pastel en la avenida Ignacio Sandoval. No podía quedarme con la ventanilla cerrada y el aire acondicionado encendido porque tenía la garganta congestionada y eso me mataría, así que apagué el aire acondicionado y dejé la ventanilla abierta. El sol me pegaba de lleno en la cara y brazo derecho, como un golpe en la nuca.  Mi mujer empezó a tardarse y yo a desesperar, hasta arrancarme los cabellos. En ese...

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