Una pandemia más

En Colima (como en gran parte del país) se viven dos pandemias claras que están poniendo a la población en un riesgo inminente: la pandemia del Covid y la pandemia de la violencia, que en la última semana para el caso de nuestra entidad ha cobrado la vida de un número significativo de personas pero, sobre todo, ha puesto a la población contra la pared, tanto así que se han tenido que cancelar clases y declarado un toque de queda para evitar mayores riesgos para la ciudadanía. Con respecto a la pandemia por el Covid, el número de casos positivos en nuestro estado no cesa (ayer se llegó casi a los setecientos) y de muertos tampoco, y con respecto a la pandemia de la violencia, lo que hemos visto han sido levantamientos, carros incendiados, crímenes en plena luz del día, detonaciones nocturnas, etcétera, que presumiblemente tiene que ver con una guerra entre dos grupos criminales (Los Mezcales y el CJNG), que antes eran aliados.  Estas son las pandemias más visibles, las que podemos palpar y casi tocar con las manos, amenazas que empujan a la sociedad colimense a un callejón sin salida y que han acabado con su tranquilidad. Pero hay otra pandemia, más silenciosa y no menos perjudicial, que ha empezado a propagarse y que ya empieza a hacerse notoria entre los comentarios de los usuarios de las redes sociales y a atisbarse (aunque sea de manera sesgada) en los análisis de algunos articulistas de opinión: es la pandemia de la ignorancia, la cual –si no se enfrenta con determinación- terminará por recrudecer todas las anteriores. Para hacerle frente a males como los que padecemos (de salud, de inseguridad, incluso los financieros) se debe contar en los puestos clave con servidores públicos capacitados, altamente competentes y con conocimientos plenos del área de la que son responsables, de lo contrario no será posible dar soluciones igualmente contundentes y efectivas a dichas problemáticas. Por eso, la gobernadora Indira Vizcaíno y los ediles municipales de todo el Estado deberán evaluar con urgencia si los titulares de estas dependencias cumplen con estos requisitos, pues ya vimos que, por ejemplo, la matanza que hubo no hace mucho en el Centro de Readaptación Social del Estado se debió en gran medida a una falta de pericia no sólo en la forma de contener ese enfrentamiento sino, principalmente, en la manera de prevenirlo, y mucho se criticó al director del Cereso de no contar con el perfil adecuado para dicho cargo. De hecho, gran parte de la violencia que hoy se vive en las calles de Colima, y que está padeciendo realmente la población, se originó en ese incidente, mismo que se suscitó entre esos dos grupos criminales mencionados anteriormente. Si ese conflicto interno se hubiera evitado, no se tendría seguramente esta ola que hoy azota nuestra entidad, principalmente en las zonas de Colima capital y Villa de Álvarez. A eso me refiero cuando hablo de la necesidad de hacer una revaloración urgente del gabinete estatal y los municipales, pues ya hemos visto que ni siquiera el nuevo número considerable de patrullas que entraron a servicio recientemente  fueron suficientes para prevenir ni contener esta ola de violencia, teniendo que habernos visto en la necesidad de recibir el apoyo de las autoridades federales. La pandemia de la ignorancia está extendida, como he dicho, en otras muchas áreas del quehacer gubernamental (estatal y municipal) y, por eso, a la par de trabajar en la contención de la pandemia del Covid y de la pandemia de la violencia, se debe trabajar también para evitar que esta otra pandemia recrudezca las anteriores y termine de acabar con la paz y el bienestar de los colimenses.

Escribe un comentario en este artículo

Comentarios