UdeC global

Lo he repetido (insistido) antes, pero lo vuelvo a recordar ahora: una universidad no puede encerrarse entre sus propios muros porque eso impediría su crecimiento. No debe hacerlo y menos en la era global que vivimos. Afuera (más allá de nuestros linderos locales) pasan muchas cosas que no debemos perdernos. Mis casi once años en Nueva Zelanda me confirman cuánto no sabía de lo que pasa, por ejemplo, tan solo en la vida académica, en una universidad. Y no sólo debería referirme a lo puramente académico, sino también a la forma en que debe entenderse la vida universitaria en general, que no se reduce simplemente (aunque sea fundamental) a la relación entre un maestro y un alumno.

Por eso siempre aplaudiré el esfuerzo que hace nuestra casa de estudios por buscar en la experiencia académica extranjera aquello que pueda ser adaptable a la realidad local nuestra. El último viaje del rector a varias universidades españolas (Málaga, Salamanca y Alicante), acompañado de la directora general del Centro de  Desarrollo de la Familia Universitaria (Cedefu), Alicia López de Hernández, y de la directora general de Relaciones Internacionales y Cooperación Académica, Genoveva Amador Fierros, confirman esta consolidada vocación de nuestra universidad por seguir dándole a sus programas académicos un carácter global, ahora con el programa de doble grado.

El impulso del rector Hernández Nava y el empeño de Amador Fierros, que siempre (me consta) ha estado alentando todos los canales posibles de diálogo de nuestra máxima casa de estudios con el resto del mundo, a fin de que no nos perdamos en un eterno soliloquio que no nos conduzca a nada, ha dado ya frutos loables. Sólo con la Universidad de Alicante (que tiene, por cierto, uno de los mejores proyectos editoriales universitarios de toda España y alberga al reconocido Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti, que no hace mucho le otorgó el doctorado honoris causa al gran poeta chileno Raúl Zurita) nuestra casa de estudios ha albergado a 67 estudiantes alicantinos y, a su vez, ha enviado a 132 de nuestros estudiantes colimenses, además de que tres docentes de nuestra institución se han formado allá como doctores y maestros.

Coincido con el rector Hernández Nava en que “los procesos de internacionalización son necesarios para las exigencias del siglo XXI, pero sobre todo para que (…) el intercambio intelectual se nutra con diferentes perspectivas”.  La convergencia de estas perspectivas diferentes es el cónclave real del crecimiento de las ideas y de una mejor toma de conciencia de nuestro propio entorno, que cada día cambia y se transforma con mayor ímpetu. No sabemos a veces lo que tenemos hasta, vaya paradoja, que ya no lo tenemos más.

En cualquier caso, celebro que nuestra casa de estudios siga en camino de convertirse en una comunidad multicultural, y no sólo por la presencia física de estudiantes o profesores de otras universidades del mundo, sino, sobre todo, por el arribo de esas nuevas ideas, perspectivas, matices culturales, etcétera, que nuestros propios profesores y estudiantes (al volver de su experiencia académica en el extranjero) puedan traer a nuestra institución, enriqueciéndola.

 

Escribe un comentario en este artículo

Comentarios