Solalinde en Colima

Un niño de escasos catorce años, viendo la difícil situación que vivía en su país, decidió emigrar a un país que consideraba con mayores oportunidades. No alcanzó a llegar a él. Murió en el trayecto.

Durante las inspección de su menudo cuerpo y sus pertenencias, las autoridades migratorias tuvieron un hallazgo que los dejó perplejos: en las ropas del niño estaban cosidas sus boletas de calificaciones con puras notas sobresalientes.

El niño se había llevado sus boletas de calificaciones para demostrar que no quería sino salir adelante, no emigraba para robarle nada a nadie, sino para seguir estudiando a la busca de una vida mejor.

Desgraciadamente, la muerte le canceló sus sueños. La historia es por de más desgarradora. Cada que la pienso me imagino al niño, ya casi un jovencito, zambullido en su desesperación, buscando los caminos posibles para salir de sus precariedades.

Lo imagino indefenso, vulnerable, desprotegido, angustiado. Por donde se le vea, es una historia terrible y dolorosa, contra alguien que lo único que buscaba era una mejor forma de vida, nada más.

Ahora que en nuestro país estamos viviendo una problemática mayúscula con el tema de los inmigrantes, he visto con tristeza manifestaciones de odio hacia ellos, muchas, una gran intolerancia y en no pocos casos falta de sensibilidad contra una situación que a simple vista pareciera una violación injusta y arbitraria a nuestra soberanía y a lo que nos pertenece, pero sin darnos cuenta que en el fondo hay muchos otros factores que inciden en esta movilidad humana, que, por lo demás, siempre ha existido.

Entre esos factores está, simplemente, el derecho humano a tener una vida digna y el derecha a buscarla, sobre todo cuando nosotros mismos no somos los causantes de ella. Para el caso de los migrantes centroamericanos, mucha culpa tiene de su situación el intervencionismo que ha tenido Estados Unidos sobre sus países, donde ha puesto o apoyado gobiernos autócratas afines a él con el fin de sacar provecho de sus recursos naturales, muchas de las veces en detrimento de enormes sectores de la población, en algunos de los cuales habitan curiosamente los migrantes.

No es, pues, nada más un asunto de abandonar tu casa por abandonarla, nadie lo quiere hacer así sin una razón de peso.

La gran mayoría de nosotros somos migrantes, muchos hemos emigrado, cuando nos mudamos de una casa a otra, así sea en la misma ciudad, estamos emigrando y en algún momento somos extranjeros en esa nueva colonia a la que llegamos, de manera que lo menos que podemos esperar es un trato afable, un mínimo de cordialidad por parte de los nuevos vecinos, seguramente lo contrario nos haría sentir muy mal.

Todo esto lo traigo a colación porque mucho tiene que ver la labor del padre Solalinde en favor de cambiar la idea que tenemos de este tema. El padre Solalinde ha sido un gran defensor no solo de los derechos de los migrantes, sino que también ha trabajado en sensibilizar a la sociedad para que cambien su percepción y actitud hacia este segmento de la población.

En congruencia con esto, y de visita en nuestra entidad, mañana sábado, a las 11am, en el Auditorio del Complejo Administrativo “Ramon Barreda Cedillo” es que dará una conferencia titulada “La migración es un derecho humano”, en la cual nos brindará una perspectiva que seguramente nos cambiará la visión que tenemos sobre este tema, una visión que tiene su fundamento en una relación de solidaridad, comprensión y compasión hacia los otros.

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1 comentario en “Solalinde en Colima”

Me da mucha pena que tratemos mal a los seres humanos que ingresan a nuestro país en busca de mejorar sus condiciones de vida. Ese niño de 14 años es una verguenza que haya muerto, así como muchos más.El Padre
Solalinde nos devuelve la confianza en que todavía existen personas que no están enfermas de violencias y odios y buscan defender a los migrantes de la vileza y la ruindad con las que son tratados dentro y fuera de su Patria. Los mexicanos han mostrado su alma solidaria cuando han ocurrido catástrofes, no puedo entender que el egoísmo ahora sofoque esa bondad. Ojalá que el Padre Solalinde encuentre eco entre los que escuchen su voz y la difundan hacia sus amigos, vecinos y familiares. No es posible un mundo tan falto de valores humanos. Gracias por tus artículos escritor querido.

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