La fuerza de Martín Flores

Este viernes vuelve a reelegirse Martín Flores Castañeda como líder del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Gobierno del Estado, para un periodo más. El hecho amerita una reflexión por el alto componente político que conlleva este nuevo periodo al frente de uno de los sindicatos más poderosos de nuestra entidad. Los que han seguido con atención la política local sabrán que hubo un parteaguas importante en la carrera política de Martín Flores y del grupo o grupos políticos a los que pertenece o pertenecía. Para empezar, basta recordar que Martín Flores fue líder de los burócratas en periodos anteriores a la llegada de Víctor Vázquez, quien, con el apoyo expreso del propio Martín Flores, allá por 2007 le sucedió en el cargo. Martín Flores dejaría, pues, el liderazgo del sindicato pero seguiría en tareas políticas como secretario general del Comité Directivo Estatal del PRI. Cuando el actual gobernador (Nacho Peralta) llegó al poder, fue el propio Martín Flores quien, identificado con el grupo de Mario Anguiano, tuvo también que sufrir (y aguantar) la ola de desprestigio que se implementó en contra de todos aquellos que habían pertenecido al círculo cercano de la administración anguianista, linchada políticamente por, cosa curiosa, sus propios colegas de partido, un partido (léase el PRI) que está a punto de elegir a su líder nacional bajo la sospechosa de que quien más posibilidades tiene de ganar (Alejandro Alito Moreno) es parte de un proyecto lopezobradorista. Aun con todos estos negativos en contra, las condiciones políticas y de trabajo personal se dieron para que Martín Flores recuperara el liderazgo del sindicato, pese a que –como he dicho- la situación política le era adversa, aunque no así la situación sindical, pues su llegada otra vez al sindicato reflejaba que Martín Flores tenía una ascendencia significativa sobre todos los burócratas, de otra forma seguramente le habrían dado la espalda. Pocos notaron que, pese a esta oscura estela de corrupción con la que se le ha condenado (incluida la polémica sobre su pensión) a Martín Flores, éste logró consolidar de nuevo su liderazgo al frente del Sindicato de burócratas y, no conforme con eso, hoy lo vuelven a ratificar como líder del mismo para un periodo más (2019-2022), esto a través de la planilla “Por la Unidad y Fortaleza Sindical”, la única que se registró para este nuevo proceso de renovación sindical, lo anterior aun cuando se intentó boicotear su candidatura. Se acepte o no, esta reelección habla de que Martín Flores ha hecho un buen trabajo como líder sindical y la ratificación de su liderazgo no es sino la confirmación de que la base de burócratas así lo considera, siendo la mayor de sus fortalezas la transparencia con la que ha manejado los dineros de sus agremiados. En tiempos, pues, de la posverdad, donde parece que las percepciones se imponen a la realidad, el caso de Martín Flores y el de muchos otros políticos que han sido perseguidos en las últimas décadas de nuestra historia local podrían servir de ejemplo para una sociedad que si bien, por un lado, compra espejismos a la menor provocación, por otro no se deja engañar por mentiras que, a fuerza de repetirse, devienen en verdades como un templo.

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