Hernández Nava, reelecto

La comunidad universitaria -a través de sus diversas federaciones, sindicato y personal directivo y administrativo- decidió respaldar al rector Eduardo Hernández Nava para un segundo periodo rectoral, que va de 2017 a 2021. Si bien la disidencia intentó por todos los medios frenar la continuidad del rectorado de Hernández Nava, esta fuerza adversa no fue suficiente para contrarrestar el acuerdo de los sectores que se pronunciaron en favor de la estabilidad que, al día de hoy, le ha dado el actual rector a nuestra máxima casa de estudios.

Lo parezca o no, la armonía universitaria es un baluarte que si bien sólo valoramos cuando los tiempos aciagos subvierten el buen curso de los acontecimientos, no por ello se convierte en los venturosos en uno  de sus privilegios más importantes de la vida universitaria. En este sentido, si ha habido un equilibro en la gobernanza de nuestra alma máter se debe en gran medida a la tolerancia y pluralidad que ha caracterizado el estilo de gobernar del rector Hernández Nava, quien ha conseguido encauzar a los más importantes y diversos sectores de la institución en un proyecto común. El reto que avecinan los próximos cuatro años no será sencillo para el rector, pues habrá que ser creativos a fin de hacer mucho con los pocos recursos que ahora se destinan a la educación pública, en especial con los estragos ocasionados en el área de investigación debido a los recortes presupuestales federales y estatales. Como la reforma educativa no resolverá, en el fondo, el déficit presupuestario de la educación pública, lo que, en consecuencia, tampoco ayudará a un incremento en los ámbitos de la investigación académica ni al progreso científico y tecnológico, la responsabilidad de los gobiernos (estatal y federal) es que las aportaciones económicas para nuestra universidad sean la garante de su desarrollo. La universidad es el ámbito en el que una sociedad puede crear (e incluso soñar) con el futuro que desea. Puede, incluso, diseñarlo tal cual lo ve para sí mismo y las generaciones venideras. El actual gobierno debe entender, en ese sentido, que estando bien la máxima casa de estudios de la región, la situación de nuestra sociedad tendrá garantizado su estado de bienestar. Ser indiferente, por el contrario, a su vez, sería darle la espalda a esa urgente transformación.

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