Gobierno del Estado y Universidad de Colima, balance

En las últimas semanas se han recrudecido las críticas tanto al gobierno del Estado (específicamente contra el gobernador Mario Anguiano) como a la Universidad de Colima (en concreto hacia el “silencio institucional” que se le acusa al rector Hernández Nava con respecto a los adeudos de la administración anguianista al FOSAP). Si bien lo anterior, es cierto, es parte de una intensa campaña (pero intensa de verdad) de desprestigio de la gestión de Mario Anguiano, en parte para legitimar la posible administración de Nacho Peralta y en parte también para cobrar cara la tan esperada venganza del Otro PRI, con esa ola de críticas también se perjudica la imagen de nuestra casa de estudios y, en particular, el liderazgo de su rector, quien –como ya lo escribí en una colaboración pasada- más allá de monopartidizar a la comunidad universitaria, la ha, en cambio, pluralizado, y ahí está la actuación que tuvo nuestra máxima casa de estudios durante nuestra pasada jornada electoral. La reunión que tuvieron dirigentes del SUTUC con el gobernador Mario Anguiano lo único que hizo fue reafirmar el compromiso adquirido por el actual gobernador hace un tiempo de seguir contribuyendo a la estabilidad financiera de nuestra alma máter y de, con esto, enviar un mensaje tanto a los que aseguran que este compromiso se rompió como a los que acusan al rector Hernández Nava de complicidad con el gobierno estatal y de estar detrás del “silencio institucional” reprochado. Las primeras aportaciones acordadas se hicieron en su momento (en la hemeroteca está la nota al respecto) y los compromisos de próximas aportaciones, con la última reunión del SUTUC y del Gobierno del Estado, continúan en pie. El balance más importante es que la relación de nuestra alma máter y del actual gobierno es sana, porque no tendría que ser de otra manera,  muy a pesar de todos aquellos que esperan que sea conflictiva. Hay que entender que el nuevo contexto político obliga a nuestra alma máter a modificar su rumbo. No aceptar este cambio sería rezagarse y, con ello, perder la posibilidad de seguir contribuyendo social y culturalmente en favor de nuestro estado. No es la Universidad de Colima la que tiene que estar bien o mal con determinados gobiernos (municipales o estatales) o con específicos actores políticos, como quieren algunos (hoy en particular contra el gobierno de Mario Anguiano), no, es a la inversa: son los gobiernos (municipales o estatales) y todos los actores políticos los que deben trabajar en beneficio del equilibrio y la salud (financiera, humana e incluso política) de la institución educativa más importante de nuestro estado. Los que creemos en la labor transformadora de la educación, sabemos que esta es la única vía posible para sortear todos los males (pequeños o grandes, inventados o no) que padece la sociedad actual, y por ese sólo motivo es imprescindible no dejar de enfatizarlo cada que la ocasión así lo requiera.

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