Fiscalía y UdeC: el caso de la universitaria extinta

Quien haya visto con detenimiento el documental El dilema de las redes sociales se dará cuenta, hoy más que nunca, de lo importante que es contrarrestar (a través de los mismos canales de comunicación) el flujo de información no sólo negativa sino errática con que se busca manipular la percepción de la realidad o más bien crear una realidad distinta a la real con fines, a veces, nada positivos. Sólo por eso es necesario detenerse en temas que parecen inocuos a simple vista, pero que siembran semillas que no hacen sino contribuir al nacimiento de más odio, más polarización social, más incertidumbre. El caso de la universitaria extinta hace unos días generó en las redes sociales (sólo las sigo por este propósito) presunciones equívocas que llevaron a generar comentarios por parte de los usuarios que iban de la ira al escarnio tanto en contra de las autoridades universitarias como de la propia Fiscalía del Estado. Por un lado, no sólo se acusó a nuestra máxima casa de estudios de no informar debidamente sobre el caso, sino que aparte se generó la presunción de que esta lamentable muerte se debía a que la persona “sabía más de lo debido” y con su muerte se quería ocultarlo. Por otro lado, también se ventiló que la omisión de la Fiscalía en casos relacionados con los feminicidios, con lo cual también a este asunto se le quiso tipificar de forma ya tajante como un feminicidio y, con ello, acusar a la Fiscalía de su sistemática inoperancia sobre este tipo de delitos. Todos estos comentarios y percepciones, reproducidas por los medios de comunicación y replicadas por los usuarios, están tan lejos de la realidad como lo está la tierra de la luna, sin embargo se persistió en ellas como si fueran verdades inobjetables y seguramente así quedaron ya en un gran segmento de la población. Yo hice indagaciones más allá de las redes sociales y pude darme cuenta del equívoco sesgo con que se informaba o se opinaba al respecto. Pero más allá de eso, es preciso tomar en cuenta dos aspectos que son importantes: una especie de moralidad institucional que nunca se debe de perder (para el caso de la Universidad de Colima) y, por otro lado, una especie de apego irrestricto a la ley y al debido proceso (para el caso de la Fiscalía). Por tanto, ni la Universidad de Colima podía evidenciar ámbitos propios de la privacidad y la intimidad de la universitaria extinta, por respeto a sus familiares y a ella misma, ni tampoco la Fiscalía puede, en ese afán por transparentarlo todo, violar el debido proceso hasta en tanto no se tengan fundamentos para poder generar esa información a la sociedad. Lo que sí es reprochable es que, con el afán de generar de alimentar nuestros propios intereses, usemos el dolor de los otros como un acicate para las autoridades, todo ello enmascarado de búsqueda de la justicia y la impunidad, pues de esta manera resultan más ominosos los que manipulan esa información en beneficio propio (los medios, los usuarios) que aquellos que la resguardan (las instituciones). Para cerrar esta reflexión, vuelvo a El dilema de las redes sociales y a una reflexión que me parece crucial en estos tiempos: no sólo está mal generar manipular información para crear percepciones falsas sobre la realidad, peor es toda la irritabilidad y el odio que genera esto en la sociedad, lo que termina convirtiéndola en un lugar de inhabitable convivencia.

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