Congresistas de Morena, enemigos de la UdeC

Desde que el diputado morenista Vladimir Parra irrumpió en el Congreso del Estado con una iniciativa para reformar la Ley Orgánica de la Universidad de Colima, iniciativa que también respondía a los intereses siniestros de la superdelegada Indira Vizcaíno y del diputado priista (aunque de facto morenista ya) Rogelio Rueda, la Universidad de Colima ha sido blanco de sistemáticos ataques por parte de este grupo que lo único que pretende es desestabilizarla aun cuando bien saben que es una violación enorme a la autonomía de esta institución. Con la promesa populista de la gratuidad y de la transparencia, este grupo de morenistas (que no todos) buscan intervenir nuestra casa de estudios para tomar control de su proceso rectoral por venir y, por extensión, luego de todos los dividendos políticos que puedan extraer de ella para el beneficio de sus intereses personales o de grupo, nada buenos en un contexto político complejo. Este grupo de morenistas, que a su vez es alimentado por el resentimiento de universitarios y ex universitarios que no consiguieron hacerse del poder institucional en la ya ahora lejana renovación rectoral pasada, entre los cuales se encuentra el ex líder sindical Leonardo Gutiérrez y Cía (Marisa Mesina, Caty Suárez, etc), lo que pretenden no es traer beneficios a estudiantes y comunidad en general sino, precisamente, hacerse del poder rectoral con un objetivo genuina y aviesamente personal. Estos y otros personajes, movidos por el resentimiento, la ambición y el deseo de venganza, han encontrado en el Congreso del Estado un aliado para conseguir sus fines, de modo que de un tiempo a esta parte se han lanzado a levantar infundios de todo tipo contra nuestra máxima casa de estudios, ofreciendo a la sociedad una visión sesgada de la realidad. No suelo personalizar los debates, pero me causa mucha extrañeza que la beligerancia de una Marisa Mesina no haya reparado en provenir de un cacique sindical que benefició, a través de la corrupción y el tráfico de influencias, a un número incontable de familiares en puestos universitarios y del ámbito de la educación, y que ahora venga a dar clases de transparencia y de moral profesional con críticas sistemáticas a nuestra casa de estudios, a la cual ahora sí quieren, según ellos democratizar. Ahora sí, claro, cuando ya perdieron todos aquellos privilegios de los que gozaron y de los cuales nunca dijeron nada. Por su parte, no sólo hacen mal los congresistas de Morena en intentar atropellar la autonomía universitaria sino, peor aún, en reducirle a la casa de estudios, sin argumentos sólidos, más de cien millones de pesos a su presupuesto del próximo año. ¿Quiénes son, entonces, los que están afectando realmente a la máxima institución educativa del Estado? Si la quisieran ayudar, entonces no habrían atentado contra su estabilidad financiera. No, no hay que dejarse engañar sobre quiénes son los enemigos de nuestra casa de estudios. Es un imperativo que la sociedad identifique el falso discurso de este grupo que quiere usar a la sociedad como carne de cañón para conseguir en realidad sus fines políticos personales. Ojalá que el resto de los congresistas se den cuenta de que no hay intereses genuinos de beneficiar a la Universidad de Colima por parte de este grupo de congresistas de Morena, sino más bien, debajo de estos intereses, se esconden fines realmente siniestros que es imprescindible detener antes de que causen estragos en la vida universitaria y, claro, en la sociedad colimense en general.

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