La comunicación rectoral y los 47 años de El Comentario

Tengo 21 años publicando semanalmente en el periódico El Comentario, y este es, curiosamente, mi artículo número 1000. Empecé con una columna de crónicas de viaje el mismo día que partí a España para estudiar mi doctorado y después, poco a poco y sin darme cuenta, mudé a una columna de reflexión sobre asuntos relacionados con nuestra máxima casa de estudios, ya sea para enfatizar logros obtenidos por miembros de la comunidad misma o de la propia universidad como institución, publicar desmentidos sobre sistemáticos ataques en su contra o hacer críticas propositivas sobre ámbitos susceptibles de mejora, todo ello con el fin de estimular el pensamiento crítico entre aquellos a quienes realmente nos importa el rumbo de nuestra casa de estudios, y nunca para imponer una opinión o denostar la de otros (aunque cueste creerse), pues de eso no se trata realmente el debate público. También abordo temas de tipo político, pero siempre que veo que estos inciden de manera negativa en la estabilidad institucional o de forma positiva, para enfatizar su importancia. Yo sé que no todos estarán de acuerdo en lo que escribo y pienso, no sería para nada un buen signo que así lo fuera, y reconozco que el grueso de mis opiniones son polémicas, pero lo que sí tengo cierto es que El Comentario ha sido siempre un espacio con apertura para mis colaboraciones, aun de aquellas que prohíjan sensibles aristas. Y esta apertura no es sólo por el hecho de que las opiniones que se vierten en los artículos son responsabilidad de quienes las firman, lo cual también es propio de cualquier medio de comunicación con aparato editorial, sino sobre todo porque El Comentario tiene fines distintos a los puramente comerciales o ideológicos, como sucede en muchos de los medios de similar índole. El Comentario es un medio de comunicación que utiliza la institución para comunicar sin fines de lucro su quehacer diario, sí, pero también es el lugar en el que muchos estudiantes (de periodismo y comunicación, principalmente) se están cotidianamente formando, y esta es una tarea que es a la vez un fin en sí mismo en este medio, de ahí la labor tan plausible que realiza la institución al seguirlo apoyando pese a que los tiempos de pandemia han hecho cambiar la lógica de sus funciones. Pese a la emergencia sanitaria, El Comentario siguió cumpliendo su labor cabal y está claro hoy más que nunca que las exigencias de la realidad actual e institucional obligarán a reforzar todos los canales de comunicación posibles para que la labor de nuestra casa de estudios pueda llegar al mayor número de interlocutores. Esta necesidad de una comunicación efectiva y eficaz la ha legitimado recientemente el propio rector Christian Torres Ortiz al abrir un espacio personal de comunicación con la comunidad universitaria, a través del cual el máximo representante de la institución informará de manera directa sobre los acontecimientos más relevantes de la casa estudios, en el programa “Rectoría en frecuencia”. La comunicación rectoral, pues, empezará a perfilarse en una lógica de claridad y honestidad informativa, para así evitar, sobre todo, cualquier tipo de interferencia con la comunidad universitaria, y en esta lógica comunicacional seguro entrarán El Comentario y todos los demás canales de comunicación universitarios, lo que no hará sino fortalecer el diálogo no sólo al interior de la casa de estudios sino también, no menos importante, al exterior de la misma. El Comentario ha cumplido 47 años (ni más ni menos que mi edad) y yo solo le deseo larga vida y nutridas experiencias para quienes pasen por o vivan en sus páginas, memoria de nuestra siempre corta vida.

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