El riesgo del falso feminismo morenista

No se gobierna con slogans, sino con acciones reales que impacten en la sociedad positivamente. Los slogans son mera demagogia, simulacros que siempre traen consecuencias terribles para el bienestar de la sociedad. Por eso, es un riesgo gravísimo consentir que el falso discurso feminista del que se quieren apropiar (principalmente) las candidatas de Morena en Colima (a la cabeza de las cuales se encuentra, obviamente, la candidata a la gubernatura Indira Vizcaíno) se establezca como un nuevo paradigma pero no para erradicar la violencia de género en nuestra entidad, sino para poder reprimir todo tipo de expresiones críticas en su contra, sobre todo aquellas que ponen en jaque su integridad moral y su reputación profesional. Las #EstamosListas no sólo le cambiaron el género al posesivo que señala a nuestro estado (llamándolo ahora “nuestra Colima”), en aras de una transformación de su “sofisticado” discurso feminista, sino que también han llevado a cabo manifestaciones públicas sistemáticas y emprendido acciones legales contra quienes, según estas mujeres, han cometido actos que pueden constituirse como violencia de género. No menos hace poco el diputado Carlos César Farías fue denunciado en una vertiente así por la candidata morenista a la gubernatura Indira Vizcaíno, en un acto no sólo de evidente intolerancia sino de incongruencia moral temeraria que, por fortuna, no le prosperó. Asimismo, llevó estas mismas amenazas en contra del candidato emecista Locho Morán, a quien la misma candidata morenista Indira Vizcaíno lo acusó de violencia de género y amenazó con denunciarlo sólo por haber sido acusada por éste de actos de corrupción, los cuales se han venido ventilando desde hace ya tiempo y son del dominio público. Sin embargo, los conceptos de feminismo y de violencia de género están siendo mal interpretados por las supuestas feministas morenistas y usados sólo unidireccionalmente, sin saber que la violencia de género se da en ambos sentidos y que no todo feminismo es impermeable a recibir cualquier tipo de crítica, mucho menos aquel que se refiere a servidoras públicas mujeres, cuyas acciones tienen que estar también bajo el escrutinio público. Por lo demás, entre las propias (seudo) feministas de Morena se han cometido verdaderos actos de violencia de género y de falta de sororidad y ni siquiera han reparado en ello. Por ejemplo, está el caso de la propia Gisela Méndez, candidata de Morena a la alcaldía capitalina, una de las más feroces esloganeras del discurso feminista en su activismo político, a quien no le importó haber pasado por encima de muchas mujeres que estaban delante de ella en las preferencias electorales para la candidatura a la alcaldía de Colima y sin embargo ella, sin mostrar ningún tipo de sororidad, pasó por encima de ellas sólo por ser amiga de la candidata a la gubernatura Indira Vizcaíno. No lo quieren ver pero: ¡eso también es violencia de género! Como también lo es convocar a la ciudadanía, como lo hizo la candidata a la presidencia de Manzanillo Griselda Martínez, a  tirarle de pedradas al candidato Jorge Luis Preciado Rodríguez. ¿Qué hubiera sucedido si esto se hubiera dado a la inversa? Amenazar o insinuar amenazar con denunciar o perseguir a todos aquellos que profieran críticas a la candidata morenista Indira Vizcaíno haciéndolas pasar por violencia de género, también es violencia de género. ¡El autoritarismo también puede ser violencia de género! Todo tipo de intimidación psicológica, de agresión física, etcétera, ejercida en una u otra dirección, es violencia, y siendo así (sea de género o no) es inaceptable. El riesgo, pues, de permitir que este falso feminismo atropelle los derechos fundamentales de la libertad de expresión (o de cualquier otro derecho fundamental humano) y que se constituyan como una excusa para poder cometer actos de corrupción impunemente, es gravísimo y nadie debemos permitirlo, para el bien no sólo de la opinión pública, sino del desarollo futuro de la sociedad colimense.

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