John Dewey, democracia y educación

Dewey es considerado el filósofo más importante de la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos. Luego de una formación idealista dentro del ala hegeliana, Dewey decidió hacerse al pragmatismo, siguiendo los pasos de William James. Quería básicamente hacer que teoría y práctica fueran un binomio inseparable. La forma en que su filosofía pragmática vería concretadas sus inquisiciones (muchas de las cuales fueron impulsadas por su propia esposa, la maestra Alice Chipman) era la educación, la cual formaba fundamentalmente seres democráticos, esto es, libres.

 

Para Dewey, democracia significaba libertad, y una sociedad libre era el objetivo de la verdadera felicidad de los individuos y las sociedades. Dewey entonces empezó a reflexionar, desde el pragmatismo, en la pedagogía que debería aplicarse en las aulas para inculcar ese sentido democrático a los niños desde la tierna edad. Es a través de la educación como el autor de Democracia y educación(su obra más representativa) podía conseguir el sueño de una sociedad civilizada, altamente hecha a la compasión y la justicia, y además progresista. La educación, que no sólo se centra en los niños (en el bagaje que traen ellos al llegar a la escuela), ni en la tradicionalista (centrada en los programas), sino también la enfocada en los maestros, los formadores de estos niños, es la que cumple el designio de la verdadera transformación social.

 

El maestro es una pieza fundamental, pensaba Dewey, para educar a los niños para la democracia (léase libertad), y en este sentido la escuela debe convertirse en “una institución que sea, provisionalmente, un lugar de vida para el niño, en la que éste sea un miembro de la sociedad, tenga conciencia de su pertenencia y a la que contribuya”. Porque, según Dewey, “¿qué significa la democracia si no que cada persona tiene que participar en la determinación de las condiciones y objetivos de su propio trabajo y que, en definitiva, gracias a la armonización libre y recíproca de las diferentes personas, la actividad del mundo se hace mejor que cuando unos pocos planifican, organizan y dirigen, por muy competentes y bien intencionados que sean esos pocos?”.

 

Con todo y que los adversarios de la filosofía de la educación de Dewey rechacen sus postulados más trascendentes para el desarrollo de la pedagogía norteamericana, el también autor deExperiencia y educación sigue siendo una figura ineludible siempre que se trata de convocar ideas en torno a lo que, para el mismo Dewey como para muchos otros filósofos, es la educación, “ese método fundamental del progreso y la reforma social”.

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