La UdeC frente a los rankings

En días pasados se le reprochó a la Universidad de Colima haber salido en el lugar 23 dentro del Ranking Nacional de Universidades Mexicanas, entre un espectro de cincuenta instituciones educativas. Si bien es cierto que todos quisiéramos estar entre los tres primeros lugares cuando se trata de campeonatos (oro, plata o cobre), la valoración de un organismo como lo es una universidad es más complejo que eso, lo que tampoco indica que debamos cruzarnos de brazos.

En principio, la Universidad de Colima mejoró con respecto al año pasado, que estaba en el lugar 27. Esto indica un avance en su valoración general, lo que es indiscutiblemente positivo, contrario a lo que sucedió, por ejemplo, con la Universidad de Baja California, que sufrió una caída drástica del lugar 14 al 50. La UNAM, por otro lado, no es un parámetro de medición por las razones obvias: tiene una superestructura que, incluso, la debería poner bajo otros índices de evaluación, y no con respecto a universidades como la misma de Colima, o la de Chiapas, o cualquier otra de similares dimensiones presupuestales y de infraestructura.

Nuestra casa de estudios necesita, sí, enfocarse en rubros básicos para el próximo año: calidad docente, investigación, prestigio e internacionalización, donde, según estos parámetros, queda a la zaga con respecto a otras universidades. Ha salido bien calificada en acreditación, carreras acreditadas, planta docente con doctorado y en producción académica anual, por encima de otras universidades que ocuparon en el ranking general una mejor posición que nuestra propia Casa de Estudios. Este, el de la producción académica (que deriva en la publicación de artículos en revistas arbitradas de prestigio nacional e internacional, libros y capítulos de libros, etcétera), es uno de los aspectos clave no sólo para la buena ubicación de nuestra institución educativa en los rankings nacionales, sino incluso en los internacionales, así que es importante enfatizar ese logro y seguirlo alentando.

Pero hay que aclarar algo importante: la mayoría de las críticas a nuestra Alma Máter (que tienen como fin demeritar directamente la gestión del Rector Hernández Nava) vienen de adentro de nuestra propia institución. Algunas de esas voces disidentes son profesores-investigadores que, esperemos, más allá de la beligerancia política estén contribuyendo al prestigio de nuestra Casa de Estudios con una docencia y una producción académica de calidad, y que eso se vea reflejado en libros publicados por editoriales de prestigio, artículos en reconocidas revistas arbitradas, capítulos de libro en ediciones de resonancia nacional e internacional, etcétera, porque de otra forma sería incongruente señalar como ajenos los yerros de la Universidad sin primero aceptar que son parte y causa de los mismos.

Sirva, pues, esta radiografía universitaria para implicarnos todos por igual en los rubros que merecen más atención, trabajar en su mejoría sin descuidar los ámbitos que salieron bien calificados y no dejar nunca de acostumbrarnos a los retos, sobre todo si son para beneficio de toda la comunidad universitaria.

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