“La arquitectura de lo mínimo: El canto de la Salamandra. Antología de la literatura brevísima mexicana”, por Cecilia Eudave

Se ha insistido en la necesidad de validar el cuento en todas sus formas, en la importancia de acercar a los lectores desde este género, en demostrar que la brevedad es tan eficaz como la más prolongada historia, entre muchos otros argumentos que se pueden llevar a discusión. Sin embargo, como enfatiza Rogelio Guedea la finalidad es despertar el goce en los lectores, y Guedea lo consigue de manera más que atinada en El canto de la Salamandra. Antología de la literatura brevísima mexicana, cuya selección y prólogo acercarán al lector a esta línea narrativa tan cultivada en México, al tiempo que se deleita en los imaginarios de los veinticuatro escritores aquí reunidos.

Sin intención de crear polémica, sin imponer un punto de vista radical e inequívoco, sin apuntar hacia una estética configurada e inamovible, uno disfruta del  prólogo de Guedea. Ágil, sin tropiezos nos entrega un panorama de los antecedentes de la brevedad en México y el porqué de los textos seleccionados. Los autores de este libro son “elásticos y anfibios”, gracias a ello pueden cohabitar en los mundos de la literatura  de cualquier género, de cualquier tendencia. De ahí llamar a esta antología El canto de la Salamandra.

Las propuestas teóricas de esta expresión literaria también son revisadas de manera rápida pero acertada. Se exponen la posturas de Lauro Zavala, de Javier Perucho, entre otros, para conversar con ellas, para diagramar un plano de construcción en contrapunto que va desde lo concreto hasta lo posible en el campo de la elaboración estética y de la recepción de este intersticio del cuento, cuya presencia en el panorama de la literatura actual no se puede ignorar.

Por ello Guedea enfatiza que la literatura brevísima se movió desde una periferia obligada por ciertos cánones al centro, y para comprobarlo nos entrega un propositivo juego donde rompe paradigmas y propone uno propio, que todo amante de la brevedad debe conocer: REST (Reyes, Estrada, Silva y Torri), quienes desde su perspectiva son los primeros en proponer una estética para lo mínimo. Estética sobre la cual se diseñan los planos arquitectónicos de una casa literaria —analogía que Guedea utiliza para hablar de su trabajo como antologador— que desde sus cimientos nos invita a las reflexiones continuas y continuadas. Desde esta postura es desde cual la selección de autores es convocada para construir un espacio donde el lector habite, disfrute, cuestione.

Las bases ya están formulas en el REST, más otros pilares que se suman para el levante de la construcción: Campobello, Tario, Arreola y Monterroso, desde luego las vigas y soportes: Salvador Elizondo, Felipe Garrido, Guillermo Samperio y René Avilés Fabila, reforzados por puntales como Max Aub, González y De la Borbolla. Una vez levantada la obra negra y fundamento de toda edificación que se jacte de durar, se integraran otros escritores más contemporáneos cuya intervención en la estructura de la literatura brevísima mexicana dependerá de la consistencia, madurez y perseverancia de su oficio y obra: Marcial Fernández, Alberto Chimal, Muñoz Vargas entre otros.

Desde esta perspectiva Rogelio Guedea —arquitecto escrupuloso en la metodología, búsqueda e integración de autores— entrega al lector no sólo un libro sino una casa que habitará con su lectura, con la posibilidad de reconstruirla, con la evocación que pueda o no provocarle los textos aquí reunidos. Caminará por sus pasillos, se convencerá o no de los cimientos, de las vigas reforzadas, mirará los detalles o la funcionalidad de los autores nuevos o novísimos incluidos en este proyecto. Quedara, entonces, en este dueño-lector, decidir quien se queda en la casa y quien debe partir a habitar otras latitudes literarias o no.

 

El canto de la Salamandra. Antología de la literatura brevísima mexicana. Rogelio Guedea (antologador), México, Ediciones Arlequín, 2013.

 

Publicada en: Revista Fix100 

 

Escribe un comentario en este libro

Comentarios