El último desayuno, por Rafael G. Vargas Pasaye

Rogelio Guedea (Colima, 1974) es un autor sobre todo que le ha apostado a la poesía y al microrelato, sus resultados son buenos, incluso ha hecho compilaciones de poesía mexicana que sin duda son un referente.

Ahora nos entrega una novela titulada El último desayuno, un ágil relato cuyo hilo central es el asesinato de Sara Pike en las inmediaciones del campus universitario en Nueva Zelanda, lugar donde da clases Roque de la Mora (alter ego de Guedea, pues él mismo estuvo una temporada en esos lares impartiendo clases).

De la Mora es el narrador titubeante que desde el inicio se pregunta si él mismo no es el asesino, su fragilidad lo hace vulnerable, nos presenta por igual a sus pares, al director, a la compañera y al novio de Sara, una estudiante especial.

Son pocos los personajes pero más de uno logra volverse entrañable, como la exesposa, aunado a un ritmo en los pasajes que le dan velocidad a la lectura. Con un lenguaje sin contratiempos hay capítulos que tiene tintes de novela negra, pero se mantiene ecuánime en el balance final.

El desenlace es inesperado pero no sorpresivo, quizás a esa parte le faltó un último apretón al nudo. Pero de todos modos Rogelio Guedea sigue caminando por la senda de la buena narrativa. Con El último desayuno también nos hace ver que la soledad es un pretexto para conocerse en los ojos de otros, un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para el fracaso si no se sabe sobrellevar.

Hay intriga en sus páginas, hay búsquedas pero no persecución, hay imaginación y buenos movimientos narrativos, con veinticinco capítulos breves que se configuran para armar el rompecabezas del asesinato.

El último desayuno

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