Exilios

Los que se quedan no saben que al que se va lo empiezan a olvidar las cosas y los seres que dejó. Lo empieza a olvidar la silla donde se sentaba a contemplar el día, lo empieza a olvidar el autobús que tomaba para ir al trabajo, lo empieza a olvidar el cepillo de dientes de todas las mañanas, las camisas y zapatos, la cucharita. Los que se quedan no saben que el que se va llega a un país o casa hecho de cosas y seres que no lo...

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Droga

También, como las anfetaminas, el amor es una droga: va enloqueciendo al enamorado o marchitando al solo, chupa los huesitos del que se quedó sin mujer o embravece a aquellos que se han reencontrado. También, como las anfetaminas, del amor hay traficantes, hombres y mujeres que trabajan clandestinamente en la preparación de éteres que luego van esparciendo en los jardines, las plazas, los centros comerciales, las oficinas públicas para hacer que los enamorados se abandonen o se apasionen más, los abandonados se reconcilien o mueran definitivamente de tristeza, los que...

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Los pies descalzos

Antes tenía un par de zapatos y era feliz. Entonces pensé que cuando tuviera un trabajo seguro y bien remunerado, me iba a comprar dos pares o tres de zapatos para ser dos o tres veces más feliz de lo que ya era. El tiempo pasó –siempre es así, irremediable-, y llegó el día en que pude tener un trabajo que, si bien no era tan remunerado como yo quería, me permitió comprarme dos o tres pares de zapatos más, con la esperanza de que mi felicidad aumentara a razón...

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Paraíso bocabajo

Siempre que entro en una habitación –de hotel, de casa, de asilo- no puedo evitar mirar sus dos rostros. El rostro de la pareja que tal vez estuvo ahí acariciándose y el rostro de la pareja que tal vez discutió hasta las lágrimas. O el rostro del hombre enfermo, postrado en un rincón de la cama, y el rostro del hombre sano, que leía un libro de aventuras o veía el sol más allá de la ventana. Lo mismo que me sucede con las habitaciones –esto de entrar y verles...

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El jardín de Sísifo

La vida no tiene revés. Es una sola desde las ocho y cuarto en que se levanta para ir al trabajo y las diez y media en que se acuesta a dormir nuevamente. Y todos los días lo mismo la vida, salvo el descanso de diez minutos para tomar el almuerzo o ir al baño. Pero fuera de ahí (y de las vacaciones semestrales), la vida no tiene revés. Es una podadora automática que va arrasando piernas, brazos, buenos empleos, esperanzas, hasta que te convierte en composta o en polvo....

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Topi

Ni siquiera tengo que decir su nombre completo, para qué. Tampoco tengo que referirme a él con grandilocuencia, para qué. A él le gustará, a Topi, que le hable tal como hablábamos en el messenger, que era muy frecuente en los últimos tiempos, sobre todo cuando coincidimos en la campaña en defensa del actual gobernador, tan infamado como pocos. Le gustará que le refute o esté de acuerdo con esto o aquello, que le diga que sí y que le diga que no, que me enoje y nos enojemos, que...

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El espejo en que te miras

Cuando vi a la anciana con lo mofletes amoratados y con los tubos metidos en la nariz y las sondas en las endebles venas en la cama del Dunedin Hospital –al que no había ido desde aquella piedra en el riñón que casi me mata-, no pude evitar pensar en lo estorbosa que se hace la vejez cuando nos medra la fuerza indispensable para mantenernos en pie, o ser capaces de ir y volver del baño, o cruzar una calle, o siquiera llevarnos la cuchara a la boca. Quiero decir...

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El poeta en su tinta

Cuando una mañana te levantes con ganas de escribir un poema, y para olvidarlas no hagas sino ir al desayunador a comerte unos huevos fritos, y luego, al ver que tal afán no da en el blanco, te levantas de la silla todavía con las ganas paradas en la nuca y entonces sales a la calle para olvidarte del asunto mientras recorres, apesadumbrado, los andadores del centro de la ciudad, y si después de un rato de deambular por aquí y por allá te das cuenta de que las ganas...

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Paradoja del viajero

Pienso en los días que se van, en los días que llegan. Pienso en que uno tiene que llegar, también, como los días, o irse algún día, con ellos. Sabiendo que yo he llegado y que me he ido tantas veces, y que siempre pasa lo mismo: ordenar el armario, buscar un jardín, recorrer una calle, comer unos tacos, charlar con el lustrabotas. Y luego, cuando ya todo parece que está a punto de permanecer, hay que irse: vaciar el armario, olvidar el jardín, desandar una calle, extrañar unos tacos,...

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Gobernar

Todo gobernante, si quiere realmente hacer bien su labor, debe leer a los siguientes autores: Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca, Plutarco y Montaigne, que los sintetiza a todos. Todo lo que se ha escrito después, como ya es lugar común, es una glosa, incluidos los más recientes sociólogos (que dicen que son los filósofos de hoy), antropólogos, politólogos o psicoanalistas, quienes no han sino enrevesado con ideas y conceptos filigranosos lo que los autores mencionados han dicho con una claridad y concisión envidiable. Tener en la cabecera del gobernante a Platón,...

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