Ciudad adentro

Hay una historia de relaciones secretas entre mi ciudad, lejana, y yo. Unos cables sentimentales de pertenencia que sólo mi ojo izquierdo, o mi rodilla derecha, o mis manos, o pie, conocen. Nadie podría imaginarlo, pero son lugares, pasajes, edificios que a nadie más pertenecen sino a mí, a ciertas horas del día o de la noche. Por ejemplo: justo a las cinco de la tarde es mía la calle Gabino Barreda, específicamente el tramo que va de la avenida San Fernando a la calle Madero. De nadie más son...

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Homenaje a Confucio

Por muy lejos que el espíritu vaya, nunca irá más lejos que el corazón Confucio Dedicado solamente a caminar las calles, subir y bajar autobuses a horas inciertas, desde hace dos semanas a estas horas, siguiendo siempre rutas distintas para ir a la universidad, a veces bordeando la colina, otras por el camino del Río que Baja, como le ha llamado mi hijo, yendo y viniendo sin reloj ni agenda electrónica ni ipod, saludando gente desconocida y casi invisible en la biblioteca donde leo autores que nunca nadie aquí ha...

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Somos lo que hay

Recuerdo que empecé leyendo guiones para cine por mera curiosidad. Compraba o rentaba la película de la cual tenía el guión, y luego me ponía a verla mientras, simultáneamente, iba siguiendo el guión. Me divertía muchísimo eso. Me detenía en ciertos pasajes para ver dónde el guionista y director hacían los cortes, cómo estructuraban los diálogos, y cómo ambientaban la escenografía, etcétera. De ahí empecé a ver mucho cine latinoamericano y, en especial, mexicano, y así conocí a jóvenes cineastas con los que inicié, con unos más que con otros,...

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Colima en Google maps

Nada disfruto más en las noches que andar las calles de mi ciudad. Desde que puedo andar las calles de mi ciudad a través de internet, no hago otra cosa que echarme una mochila al hombro y salir a recorrerlas. Todos los seres y las cosas están como detenidas en el tiempo, o como si se quedaran totalmente inmóviles para verme pasar o sea yo quien las mire en su quietud, ajenas al paso de las horas y minutos. Cuánto daría por tener un trabajo de caminador de las calles...

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Exilio

Pienso en mis pies que a veces son un país que no comprendo. Pienso en mis manos, dos islas. En mi rodilla, una ciudad alejada y sola. Pienso en mis hombros o mi cuello, en mi nuca y en mi nunca, en la distancia que hay entre mis orejas, los kilómetros que necesito recorrer para llegar a mi corazón, los pueblos de mi espalda, mis aeropuertos,  mis ferrocarriles. Pienso en mis labios invernales,  mis ojeras de otoño, mi piel inflexible,  encerrada entre cuatro paredes, mirando el trópico ausente, quebrados en...

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El paradero es caminar

De un tiempo a esta parte he aprendido (yo, que poco aprendo ya) a no ir tan de prisa ni tan lejos. De un tiempo a esta parte, por ejemplo, me detengo en las esquinas del barrio, los arcos de las plazas, los corredores de la universidad a capturar sombras, siluetas, rasgos, gestos, tics o manías de la gente. Soy como esa camarita que encuentra uno en los bancos o centros comerciales y que observa a todos sin ser observada, con la diferencia de que yo me entristezco de ciertos...

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Puente colgante

Yo quisiera que esta palabra aprendiera a salir de su tristeza. Que no se sintiera lejana ni sola entre desconocidos que hablan otra lengua. Que pudiera entender, desde adentro, lo que las calles le dicen, lo que le dicen los árboles o los choferes de autobús. Esta palabra que no aprende a salir de su tristeza, quisiera tener una ventana por la que se viera su país, una calle de Colima que la atravesara de orilla a orilla, otra que la saludara con un abrazo lleno de gente. Esta palabra...

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Homenaje a Leonardo Favio

Desde hace más de quince años vengo escuchando las canciones de Leonardo Favio. No recuerdo con certeza ni por qué ni en qué circunstancias llegaron a mis manos, lo único que recuerdo es su voz lastimera cantando �Fuiste mía un verano� o �Ella ya me olvidó�. Tenía cuántos años: ¿quince? ¿veinte? La distancia emborrona los claros del tiempo, convierte en remiendo todo aquello que no volverá. Sin embargo, la voz de Favio me acompañaría en aquel año desolado que pasé bajo los cielos californianos, luego viajaría conmigo en tráiler por...

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La vida sobre ruedas

Bajando la colina de Brockville hay un camino de terracería que desemboca en un río. A veces, cuando hay sol y no se arremolinan los vientos antárticos, mi hijo y yo hacemos el trayecto en bicicleta. Me gustan los paseos en bicicleta porque nunca será lo mismo ver el mundo sobre cuatro ruedas que sobre dos. Yo mismo llego a diferentes conclusiones cuando voy en autobús que cuando lo hago en motocicleta. La vida, en bicicleta, me parece más suave y menos contrariada, es más fácil vivirla sintiendo el aire...

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La fiesta del chivo

Un amigo entrañable me informa que una “orden de arriba” (espero que no sea del cielo) prohibió la venta de mi novela 41 (e incluso de Conducir un tráiler y aún más) de las librerías de la Universidad de Colima, mi alma máter. Aunque tengo su mensaje con la descripción detallada del asunto, no revelaré su nombre ni el nombre de la persona que le dio la información por razones obvias. Además: ¿tendría caso comprobarle la verdad a quien ya la sabe y que, como siempre, me está leyendo? Digo...

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