La izquierda y la derecha

El muchacho de la tienda de abarrotes me trajo, aquella mañana, la correspondiente reja de naranjas de la semana, para el jugo del desayuno, pero esta vez me la dejó a la entrada de la casa y no, como normalmente, al pie del refrigerador. Tuve que ir a traerla por mi propio pie. Mientras atravesaba el pasillo vi mis dos brazos y mis dos manos, ambos sosteniendo el peso de la reja. No fue hasta que empecé a meter las naranjas al refrigerador, coordinando el ingreso primero con la izquierda...

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El vendedor de ciruelas

Cerca del pueblo olvidado en el que vivo hay otro pueblo, tal vez un poco menos olvidado. Fui a comprar un conejo macho para la coneja de mi hija, que anda muy sola en el jardín de la casa. De regreso pasamos por la pequeña plaza del centro, donde bajé a la revistería por unos cancioneros y una paleta de guanábana. Mientras  engullía la paleta, sentado en una de las banquitas del expendio, vi que apareció en la esquina un hombre en un triciclo vendiendo ciruelas. El aspecto del hombre...

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Mundos paralelos

Una mañana, hace más o menos veinte años, de camino a la preparatoria, en la esquina del jardín junto a la casa, vi a una viejita con una andadera recogiendo botes de basura. Es verdad que hay miles de viejitas con andaderas recogiendo botes de basura, pero esta viejita, a estas horas de la mañana, produjo en mí una sensación de desolación total, sentí que si yo no le tendía una mano, en cualquier momento se iría de bruces y no volvería a levantarse. Traía cien pesos en la bolsa...

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Homenaje a Cabrera Infante

Uno tiene escritores que, por razones inexplicables, le son afines y, más que afinidad, lo que encontramos en ellos es lo que se dice un alma gemela. Con Cabrera Infante me sucede eso. Hay algo en él, tal vez una dimensión del espíritu, que me identifica con el hombre y el escritor que fue, y con esa personalidad recia que tenía, incluso con sus padecimientos nerviosos. Para abonar más a esta certeza, estuve hace poco en la Feria de Londres. Me hospedé en un hotel de Earls Court. La habitación...

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Distribución de mi casa

Casi todos en la vida queremos tener una casa. Trabajamos arduamente para tenerla. Pero yo, desde hace algún tiempo, me siento sin casa. Me siento como echado de todas las casas y países posibles. Me veo, y decirlo así parece fácil, parado en la parada de un autobús esperando a un autobús que yo sé que no llegará nunca porque es domingo y los domingos no hay autobuses. Sin embargo, si tuviera dinero para una casa la construiría sobre unas cuantas palabras: amor, mar, pájaro, mujer, jardín. Palabras sobre las...

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Miel y abejas

Hace unos días estuve en la Galería Nacional de Londres. No soy muy afecto a los museos, soy más bien proclive a los mercados (como el de Camden town), pero esta vez no podía rehusarme. Como de cualquier modo nada de lo que hay en la vida me es indiferente, entré con los ojos absortos. No recuerdo si fue en la primera o segunda sala donde encontré un cuadro de Lucas Cranach, específicamente el de Cupido quejándose con Venus. En el cuadro aparece Venus desnuda y el pequeño Cupido debajo...

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Unirnos y desunirnos

A propósito de las próximas elecciones y del país que queremos y nos prometen los presidenciables recordé un capítulo de un libro de divulgación científica que leí no hace mucho. En ese capítulo se decía que la masa se transforma en energía no sólo con la división de átomos (fisión), sino también con la unión (fusión), pero que esto último era más difícil porque las cargas positivas se repelen, aunque la fusión nuclear por antonomasia tiene lugar en el Sol, que es la fuente de toda la vida conocida. Me...

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Holiday Inn Express

No hace mucho me hospedé en un hotel muy fino. No había otra opción. Era lo más cercano a un lugar del que quería estar cercano. El hotel era el Holiday Inn Express. Parecía un hospital psiquiátrico, pero bueno. Pensé que el que estaba desfasado del último grito de la moda hotelera era yo.  Subí a mi habitación, en el quinto piso. Era estrecha, fría como un cubo de hielo y de un blanco asfixiante, precisamente como el de los hospitales psiquiátricos. Pasados unos minutos, no tuve más remedio que...

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Los pasos recobrados

Uno a veces olvida, en algún lugar, algún día impreciso, sus pasos. Los deja ahí descalzos a mitad del naufragio, en una calle o avenida, en algún centro comercial o país, y no los vuelve a ver. Es más: uno cree que esos pasos, como todo en la vida, murieron ahí de inanición o de angustia o tal vez algún distraído, como los tantos que hay por todas partes, les pasó las dos llantas de su bicicleta por encima. Así cree uno ingenuamente. Que todas las cosas que nacen, mueren....

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La Obsesa

Así la he llamado. Reina la noche y el día. Entra en las conversaciones alegres para destruirlas con un martillo. Descarrila el canto de los pájaros, el cauce de los ríos, las tardes que a cualquiera le parecerían hermosas, como seguramente lo son.  Mancha con ácido negro los cielos despejados, incluso.  Es como otro habitante más dentro del cráneo. Un habitante al que hubiera que convencer de que todo lo que sucede allá afuera, más allá de las narices, es un cuerpo real de mujer. O un árbol. O una...

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