Teléfono celular

Tengo la mala costumbre de checar mi teléfono celular en medio de la oscuridad, apenas despierto, muy temprano en la mañana, siempre. Cinco o seis de la mañana, todos los días. Siento, siempre, que voy a recibir una buena noticia, que me hará saltar de la cama y me alegrará el día, o una mala, que me hará acudir en auxilio de las víctimas. Eso es lo que deja vivir en la orilla del mundo, creo. En todo caso, a pesar de los años con esta mala costumbre nunca había...

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Serpientes y escaleras

Mi mujer me dijo que jugara “Serpientes y escaleras” con mi hija. Me lo pidió con un simple objetivo: tiene que practicar las sumas. Juéguenla con dos dados. El objetivo me impidió rehusarme. Había que contribuir en algo. Además, jugar “Serpientes y escaleras” seguro me traería recuerdos gratos de algún pasado infantil. Ya lo saben: las escaleras suben y las serpientes bajan. Saqué los dos dados mientras mi hija acomodaba el tablero sobre la mesa. Mi mujer limpiaba la cocina. Mi hijo tenía metida media cabeza en el computador. La...

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Paisajes después de la batalla

Mi hijo llega de la escuela. Se quita la camisa, el suéter azul y se sienta en el borde de su cama, con las piernas encogidas. Me siento junto a él. De pronto, dice: pobre de mi amigo D, y se frota las manos, ansiosas. ¿Qué pasó con tu amigo D? Estábamos jugando futbol, continuó mi hijo, en la cancha, contra los de quinto, íbamos ganando y, de pronto, se salió de jugar y fue a sentarse debajo de un árbol, detrás de un arbusto, a un lado del área...

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Círculo

Los que están fuera del círculo (literario, político, académico) no quedan atrapados por el círculo, no son, siquiera, el círculo. Más bien: son libres de husmear los bordes de otros círculos, cercanos o lejanos, ajenos o familiares, y de ver por sus estrechas ventanas o fisuras, sus puertas entreabiertas o claraboyas, y de escuchar –con el oído aplastado contra las batientes o muros- las acaloradas discusiones que se dan adentro del círculo, para luego continuar, sin miedo a perderse, mejor dicho erguidos y firmes, su propio camino: ese que lleva,...

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Bukowski

Yo también creo, como Bukowski, que no son las grandes tragedias, esas trombas que nos cortan de súbito por la mitad, o en cientos de pedazos, sino, más bien, el cúmulo (uno tras otro, como los puñados de tierra que arrojamos sobre las tumbas), lo que nos manda al manicomio o a la muerte. Pequeños cortes que cortan los cientos de cordones que nos sostienen en pie, hasta que caemos como caen, desde lo alto, los árboles o los pájaros. Lo dijo Bukowski: “con cada cordón que se rompe/ de...

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Heidi

Vi "Heidi", la película. No la caricatura, sino la película. Está completa en Youtube. Leía a Tomás de Aquino, valiéndome de mi lamparita de noche, cuando llegaron mis hijos a la habitación. Pusieron la película. Les dije que la quitaran. Insistieron. Consentí. Iba a levantarme para irme, pero mi hija me detuvo por la espalda. “Quédate a verla con nosotros, ándale”, pidió. Me carcomió la conciencia. Todo el día trabajando, sin verlos, y ahora los dejaba. Entonces asentí. Cerré el libro de Tomás de Aquino y lo puse debajo de...

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La vida marital

Con el tiempo es inevitable que tu mujer no te conozca. O que tú no la conozcas a ella. Con solo mirarla (o que ella te mire) innecesarias son las... explicaciones, absurdas las evasivas. Mi mujer, por ejemplo, me conoce como a la palma de su blanca mano, desgastada –sí, pero tampoco tanto- por horas en el fregadero. Ni duda cabe ya. Sabe perfectamente que yo para arreglar cualquier cosa soy un desastre. Donde meto mano, desarmador o cuchillo dejo escombros, cenizas, un polvaderón. Eso explica muy bien por qué...

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El éxito, esa montaña

La subo y la bajo, en bicicleta, todas las mañanas. Creía, al principio, que era una simple montaña y una forma de mantenerme saludable. Disfrutaba la bajada y padecía la subida, eso era todo lo que sabía. Pero un día me di cuenta de que había algo más que eso y yo no lo había entendido, aun cuando había hecho el recorrido diez, veinte, cincuenta mil veces. Lo supe aquella mañana mientras subía por la cuesta lateral de la Brockville. Es como el éxito, pensé, al ir subiendo la cuesta....

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El héroe domesticado

Mi mujer me dijo que a la llave de agua del patio trasero se le había quedado atorado el conector de la manguera, así que dejé a la mitad el poema que estaba escribiendo, me puse las chancletas y fui al patio trasero, pero cuando iba caminando por el camino de piedra vi que el musgo se estaba expandiendo más allá de las junturas del concreto (por poco y caigo de un resbalón) y entonces decidí ir por una pala para arrancarlo antes de que sobreviniera una desgracia mayor, pero...

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La bibliotecaria y yo

Hay bibliotecas que tienen más bibliotecarios que libros. La bibliotecaria de esta biblioteca llegó, se quitó las chancletas de horcapollo y se puso unos tacones de plataforma, como queriendo modelar. Le sacaría una foto a los tacones altísimos de la bibliotecaria pero me está mirando con unos ojos que no sé si son de odio o de lascivia. Creo que la bibliotecaria y yo hacemos “química”, ya empieza a distraerme su mirada. No me concentro en la lectura. Qué irá a pasar. La bibliotecaria de tacones altísimos se ha quitado...

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