Chicles

De niño me gustaba robar chicles en las tiendas de abarrotes. Era una tentación incontrolable. La mano se me ponía en ristre, tensa, y sin mi consentimiento se iba extendiendo poco a poco hacia la cajita de chicles que normalmente el abarrotero tenía en el mostrador, pero fuera del marco de su vista. A don Beto, el abarrotero de la tienda a la vuelta de casa de mis abuelos, le robé una cantidad enorme de chicles motita, sabor plátano. Siempre que lo hacía sentía que el corazón se me salía...

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Debates

Tengo dos hijos. Un niño y una niña. Con personalidades antagónicas. El último debate esta mañana, antes de ir a la escuela: a mi hijo no le gusta saber lo que su madre le manda de comer para la hora del recreo. A mi hija: sí. Salí de mi guarida (este escritorio en un rincón de la casa) y fui por mi café. Al puro abrir la puerta me encontré con el debate en las narices. Mi mujer perdía ya los estribos. Mi hijo se tapaba las orejas: no quería...

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Guerra

No hay peor cosa en la vida que la muerte, porque la muerte es lo contrario a la vida. La muerte destruye, anida el mal, propaga el odio. La vida, en cam...bio, edifica, une y, al unir, siembra otra vida. La vida es el amor; la muerte, la guerra. Por eso toda guerra, así sea entre un vecino y otro, entre una ciudad y otra, entre uno y otro país, no es la vida, porque no engendra sino destrucción, anida el mal, propaga el odio. Y no hay peor cosa...

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Tacos de adobada

Hago un pausa (estoy sinceramente cansado de mirar el paisaje) para contarles sobre el último debate en que mi mujer y yo nos hemos enfrascado. Pues resulta que encontramos, así nada más porque sí, chile pasilla y guajillo en un supermercado, en ese que nunca nos imaginábamos que íbamos a encontrar ni un huevo. Entonces brincamos de contentos. Dijo mi mujer: haremos tacos de adobada, y compró un kilo de carne de puerco. Hice así con el dedo, de esa forma que ustedes ya saben, así y así, y le...

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El deseo impostergable

Los seres humanos no dejamos de desear. Esa es una de las características que nos define. Siempre estamos deseando y, entre más conseguimos eso que deseamos, deseamos más. No nos saciamos. Empezamos deseando una casa de dos habitaciones, con un pequeño jardín, un baño, una ventana, y al cabo de los días o meses de vivir en ella, ya estamos deseando una más grande, con tres habitaciones, dos baños, un par de ventanas, un jardín trasero. Si logramos mudarnos a ésta, entonces, al cabo de los días o meses también,...

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Colesterol

Doctor, siento por esta vez no complacerlo. Entiendo que tener alto el colesterol es un riesgo para mi cuerpo, podría derrumbárseme a la menor provocación, quedando todas mis arterias de bruces a mitad de la calle, todo es lo entiendo, pero siento, le digo, por esta vez no poder complacerlo, ha sido usted muy temerario al pedirme que deje de consumir huevo, ¿realmente sabe lo que usted me está pidiendo? No lo sabe, doctor, no sabe que los huevos son como una prolongación de mi cuerpo, una parte esencial de...

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El vecino de al lado

Hace no mucho salió una noticia en la que se daba a conocer a un hombre que había tenido secuestradas a tres mujeres en una casa, una de ellas con un hijo parido durante tal cautiverio. Las tuvo secuestradas diez años. Algo terrible. En las declaraciones tomadas a los vecinos lo que más llamó la atención fue el asombro que mostraron, sobre todo porque nunca imaginaron que ese hombre que se veía tan pacífico, con el que habían incluso compartido carnes asadas y que había sido un intachable chofer de...

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Escribir

Uno siempre escribe desde afuera. En otra parte de uno: más alta, más baja, hacia un lado o hacia otro. Pero desde afuera. Esa realidad es distinta a la otra realidad: acaso la comunique un pasadizo, un pequeño puente que se abre y se cierra, y que no tiene fondo. Se escribe siempre desde otra parte. Adentro incluso es afuera. Nunca el mismo lugar que el que usamos para vestirnos, soñar, alegrarnos, recordar. Son dos mundos distintos: y el mismo. Yo, por ejemplo, no escribo desde Nueva Zelanda, ni desde...

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Cuerpo y Estado

Pienso, a veces, que mi cuerpo es mi país. Quiero decir México, mi país. O Nueva Zelanda, también mi país. Así que pienso, a veces, en la posibilidad de que un día, por una cuestión insospechada, las partes de mi cuerpo entran en guerra. Y entonces, por ejemplo, una mañana, al despertar, me encuentro con que mi mano derecha le ha cortado un dedo a mi mano izquierda (nomás por las ganas de tener seis dedos y no cinco), y con que mi ojo derecho ha tapado con una venda...

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Filosofía del vendedor de aspiradoras

No había otra opción. La aspiradora que teníamos agonizaba y, tristemente, había que reemplazarla. Mi mujer se inclinaba por una realmente buena, que chupara hasta el polvo del subsuelo. “Ya basta de medias tintas”, argumentaba siempre anteponiendo eso de “el que compra barato, compra cada rato”. Yo era, debo decirlo, más mesurado, sobre todo por esa sensación de que los seres humanos planeamos como si fuéramos a ser eternos. ¿De qué nos serviría, entonces, una aspiradora que durara toda la vida si nosotros podíamos caer en un precipicio al día...

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