Zacualpan

La comunidad indígena de Zacualpan tiene la misma mala suerte que han tenido muchas otras comunidades indígenas de nuestro país: en sus tierras hay oro. Hay oro y, además, otros minerales que son esenciales para el desarrollo de las nuevas teconologías. Por tanto, debido a estos preciados metales, hay asimismo intereses grandes de compañías mineras (sobre todo extranjeras) en explotarlos, despojando así no sólo de los bienes a esta comunidad sino, lo que es todavía peor, de su propia paz. Ningún conglomerado humano tiene derecho a vivir con miedo. En “La paz perpetua”, el filósofo Kant afirmaba que uno de los principios fundamentales para evitar el desorden social era la no intervención de otros estados u organizaciones en las determinaciones del nuestro, fueran extranjeros o no. El conflicto en la comunidad indígena de Zaculapan tiene esta causa: son muchos grupos ajenos los que han querido domeñar sus vidas sin realmente preocuparse por los intereses de la comunidad sino, esencialmente, por los suyos propios, dándole un mero matiz político al asunto. Tal ha hecho Bios Iguana, por ejemplo, partidos políticos como Morena y, hace unos días, los observadores foráneos que vinieron a pedir cuentas sobre la problemática. Cabe pensar, incluso, que deben haber también funcionarios de Gobierno interesados en los negocios de la minería y en promover su desarrollo en Zacualpan, pero estos tendrán ahora que amarrarse las manos por detrás de la espalda porque el gobernador del estado, Mario Anguiano, y su secretario general, Rogelio Rueda, fueron ayer claros en su resolución: Zacualpan es una comunidad libre de minería y esta decisión se respetará en beneficio de sus habitantes, por lo que su principal cometido (el del Gobierno) es alcanzar la armonía social. El Gobierno del estado debería hacer llegar este mensaje claro a la comunida indígena de Zacualpan, lo antes posible, porque con esto se dirime el motivo esencial de este penoso desaguisado. La Ley debe aplicarse, eso sí, contra todos aquellos que intenten quebrantar el orden y la paz entre los miembros de esta población, que no merece vivir asolada por la incertidumbre.

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