¿Y qué debe hacer el PAN?

En las antepasadas elecciones, cuando también se compitió por la gubernatura, la victoria del PAN fue arrolladora. El congreso quedó, por primera vez en la historia, en manos blanquiazules, y así también sucedió con los municipios de mayor envergadura: Manzanillo, Tecomán, Colima y Villa de Álvarez, además de otros menos clave para los procesos electorales pero no menos significativos para el desarrollo de nuestra entidad: Cuauhtémoc y Coquimatlán. Si no fuera por el visible fraude electoral, la gubernatura también habría quedado en manos del PAN (recayendo en su candidato el hoy diputado federal electo Jorge Luis Preciado) y entonces, de haber sido así, habríamos presenciado la tan anhelada alternancia democrática en nuestra entidad. Colima, pues, se vistió de PAN y entonces se tuvo la convicción de que ese sería el paso natural a un futuro prometedor para el panismo en la gobernanza colimense.

Desafortunadamente, no fue así. ¿En qué fallaron los panistas? Varios aludes carcomieron por dentro su proyecto político. Para empezar, y el sin duda de mayor relevancia, fue el hecho de haber ponderado ambiciones de poder personales o de grupo y no como fuerza política opositora en favor de las causas sociales. Esto es: los panistas no supieron trabajar en equipo, lo que ocasionó su profunda escisión desde un principio en dos cuadrillas distintas: la de los panistas panistas (comandada por Jorge Luis Preciado) y la de los panistas-priistas (comandada por Pedro Peralta), más –abonando a éstas- la de aquellos políticos que venían de otros partidos y que se pusieron temporalmente la camisa panista para acceder a cargos de elección popular, factores también fuertes de divisionismo al interior del PAN, lo que se vio claramente desde un principio en el Congreso local, cuya mayoría perdieron los blanquiazules al poco tiempo.

Otra causa importante fue haber creído que el triunfo aplastante los hacía invulnerables a una sociedad harta de veleidades políticas, corrupción y despotismo, cuando no fue así. Muchos panistas se ensoberbecieron en su desempeño, hicieron un trabajo de espaldas a la ciudadanía, minimizaron la fuerza de la voluntad popular y el día de votaciones pagaron muy cara la factura. En la sociedad polarizada que creó la propaganda lopezobradorista, la sociedad colocó a los panistas en el lugar de “la mafia del poder”, y de ahí no pudieron librarse.

Una última razón, no menos importante, es haber perdido en los meses previos a la elección pasada su liderazgo como real oposición al partido en el poder, lo anterior en virtud de haber llegado al PAN una dirigente (Julia Jiménez) muy identificada con el grupo de los panistas-priistas, lo que se notó claramente en los hechos pues desde su arribo a la dirigencia blanquiazul se acabó el panismo como oposición y más bien se hizo evidente (más por omisiones que por acciones) su conciliábulo con el gobierno estatal.

Visto lo anterior, ¿qué debe hacer el PAN para lograr, como el PRI, levantar aunque sea un dedo en las elecciones de 2021, donde ya se jugará el todo por el todo con la gubernatura? La respuesta está contenida en las causas de sus propios vicios. Debe, a toda cosa, converger en un grupo sólido en donde prevalezca el interés político común y no sectario, no apoyar ambiciones personales sino sociales, fin último de toda fuerza política. Debe hacer una limpia de panistas que no son panistas de verdad y debe erradicar la insolencia, la tozudez y la superchería de mucha de su militancia. Humildad, honestidad y un trabajo de verdadera vocación social deben ser las huellas de rodamiento sobre las cuales deben transitar los panistas hacia el 2021, de otra forma es posible que puedan quedar, ahora sí, borrados completamente del mapa electoral.

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