Violencia y guerra sucia electoral

Dos temas  me parecen fundamentales para entender el panorama electoral que vivimos los colimenses en este momento.

En primer lugar un tema ineludible: el de la violencia, que se ha seria y tristemente recrudecido en los últimos días y lo cual no parece inmutar ni al gobernador interino Ramón Pérez Díaz ni siquiera a su vocero oficial, Diario de Colima, quien ahora parece que no la ve simplemente porque ahora sí afecta a sus propios intereses, pues por ningún motivo quiere que este gobierno interino (en cuyo gabinete hay puros funcionarios estrechamente relacionados con su sobrino Nacho Peralta) se vea manchado de sangre, lo que repercutiría para mal en la candidatura del candidato priista.

Sólo en los últimos tres días ha habido más de cinco muertes violentas, entre ellas la de mayores repercusiones políticas al día de hoy: del sobrino del ex gobernador Fernando Moreno Peña,  quien nadie sabe por qué andaba tan campante en Colima si se supone que era investigado como autor intelectual del crimen del ex gobernador Silverio Cavazos.

Lo grave de esto es que al gobernador Ramón Pérez Díaz esto no le ha ameritado ni una explicación para la ciudadanía, como tampoco lo instó a que lo hiciera los escándalos generados por algunos miembros de su gabinete, entre ellos el de su secretario general Arnoldo Ochoa, acusado recientemente de actos de corrupción y de estar propiciando que esta elección extraordinaria se convierta en otra elección de Estado, lo que sería un insulto para el Instituto Federal Electoral, quien advirtió de las terribles consecuencias que esto acarrearía, y, sobre todo, para la sociedad, hastiada de que sigan burlándose de su voluntad democrática.

Con respecto a la guerra sucia, sobran ejemplos de las orquestaciones llevadas a cabo en estrecho conciliábulo entre el PRI y Movimiento Ciudadano, cuyo candidato, Locho Morán, se sigue prestando como bisagra del PRI para restarle popularidad a la avanzada por la alternancia encabezada por el candidato panista Jorge Luis Preciado.

Aunque Locho Morán nos diga que su campaña es legítima, dos hechos (que pueden analizarse con sólo el sentido común) evidencian lo contrario: primero, que todo Colima sabe del odio de Locho Morán hacia Jorge Luis Preciado por haber éste ganado la candidatura a la gubernatura por el PAN, y segundo, que solamente el PRI puede financiar una campaña tan derrochadora como la de Locho Morán, quien incluso se dio el lujo, teniendo su partido un presupuesto minimísimo, de contratar a Espinoza Paz para su arranque de campaña.

A esto se aúna otro aspecto que en la ciencia política conductista es fundamental: la esfera elitista en la que se han movido desde que nacieron Nacho Peralta y Locho Morán, enemigos de origen de un candidato (el panista Jorge Luis Preciado) que emergió de las clases populares y que, por un mero asunto de castas, los unirá para que un plebeyo no quede por encima de ellos, pertenecientes a la Familia Real colimense.

La alternancia, sin embargo, ya está marcada en la frente de la voluntad general de los colimenses, y contra esto, como lo vimos en los resultados que dejó la elección ordinaria en el congreso local y la mayoría de los municipios, ya nadie podrá hacer nada.

 

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