Último informe y relevo rectoral

En unos días más el rector de nuestra máxima casa de estudios, José Eduardo Hernández Nava, rendirá lo que sería el cuarto informe de su segundo periodo rectoral pero también el último informe de toda su gestión al frente de nuestra máxima casa de estudios, el cual dará paso al consecuente relevo rectoral, en el cual asumirá el cargo el rector electo Christian Torres Ortiz Zermeño. Este último informe del rector Hernández Nava tendrá que ser seguramente no sólo un balance del año que pasó (duro año para todo Colima, todo el país y el mundo por los estragos que generó la emergencia sanitaria), sino también un balance de su gestión completa como rector en los últimos ocho años. No es tan fácil hacer un recuento así pues lo acontecido se sale de toda proporción para un informe, pero al menos sí habría que señalar los puntos clave de su liderazgo en la institución, además de las amenazas constantes que lo acecharon. Yo ponderaría, por ejemplo, lo que ya he escrito más de alguna vez: que el rector Hernández Nava fue un hombre muy institucional que puso siempre los intereses de la casa de estudios por encima de cualquier otro, incluida por supuesto la defensa por la autonomía universitaria, peligro todavía latente pese a que la iniciativa de reforma de la Ley Orgánica haya sido desechada. También se le debe de reconocer un liderazgo prudente, discreto y sin excesos, tolerante pero no por ello débil en los casos en los que se requería la mano dura de la razón, un hombre abierto al diálogo pese a que los rabiosos interlocutores no estuvieran nunca dispuestos a escuchar nada, un universitario sin escándalos personales ni familiares y una figura pública que nunca utilizó a nuestra universidad como un trampolín para satisfacer ambiciones políticas o de interés estrictamente privado. Deja, por tanto, una institución que no debe avergonzarse de su propio rumbo y una comunidad universitaria que no debe desacreditarse a sí misma, sino que, al contrario, debe ufanarse de que en estos momentos difíciles demostró con unidad y esfuerzo estar orgullosa del papel que debía representar en la sociedad. Este es, en líneas sumarias, el legado que deja la gestión del rector Hernández Nava y éste el que recibirá el rector elector Christian Torres Ortiz, para quien vendrán retos importantes en los próximos años, y no sólo de tipo financiero, que eso parece que tendrá que verse como una constante ante la crisis económica generalizada que afecta todo el país, sino sobre todo en temas que me parecen más cruciales, como el de la misma autonomía y autodeterminación institucional, lo que conlleva también implícitamente la definición de un gabinete universitario fuerte y capaz, un gabinete leal, una estructura de gobierno más abierta en su apertura tanto al interior como al exterior, el reforzamiento de una identidad institucional que ayude a que las frustraciones individuales no afecten a las aspiraciones de toda la comunidad universitaria, el resurgimiento de la autoridad moral en la voz misma institucional, la cual debe erigirse en sólido liderazgo de opinión e intervención pública. En fin, construir una identidad tan sólida que nadie pueda doblegarla y que además se siga haciendo respetar en su rol social. Mucho por hacer, pero nada imposible para un rector electo que, me consta, conoce y ama profundamente la institución y que también cuenta con la capacidad irrebatible para conseguirlo. La pandemia no se acabará pronto y la gestión de Torres Ortiz Zermeño no será indemne a ella, así que también se tendrá que pensar pronto y actuar más rápido para tomar decisiones que no vulneren la vida de los trabajadores y estudiantes universitarios. En un momento de grandes transiciones y cambios, se ocupará todo el cuerpo y toda el alma para enfrentarlos, pero no me cabe duda que los universitarios saldremos, como siempre, victoriosos.

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