Todos contra Mario Anguiano y Federico Rangel

Ninguna injusticia puede ser pagada con lealtad, pues sería hacerse cómplice de ella. Renunciar a una injusticia e, incluso, protestar contra ella es un acto de dignidad.

En un político o representante popular, este acto de dignidad dignifica también a sus seguidores, e, incluso, a sus espectadores. Lo que está cometiendo una vertiente del PRI contra el edil capitalino Federico Rangel Lozano es una doble injusticia: primero por haberle arrebatado arbitrariamente la candidatura a la gubernatura que probó haber ganado democráticamente y en segundo lugar por estarle negando una posición que esté a la altura de su capital político y su aceptación social, ganada a pulso.

Rangel Lozano está siendo, en pocas palabras, humillado por su propio partido, de forma por demás inicua. Está, por este solo motivo, en todo su derecho de buscar un futuro político más promisorio.

Es más: hacerlo dignificaría a todos aquellos ciudadanos que en las encuestas realizadas durante el proceso interno priista lo colocaron por encima de todos, incluidos los candidatos que pertenecían a fuerzas políticas distintas. Si Rangel Lozano no se quita de encima ese agravio, el agravio pesaría también sobre todos sus partidarios.

Ignoro si la entrevista entre Gustavo Madero, presidente nacional del PAN, y Rangel Lozano se dio, pero de haber sido así nadie, luego del trato que está recibiendo en su propio partido, tendría el derecho a reprochárselo.

La misma situación que padece el edil capitalino la está sufriendo el mismo gobernador Mario Anguiano, quien  está siendo vapuleado con saña por miembros de su mismo partido y ajenos a él.

La campaña de satanización de la administración anguianista ejercida en las últimas semanas a través de los medios de comunicación ahora aliados a los que salieron victoriosos del proceso interno priista, unida a las naturales críticas sistemáticas de la oposición, se empeñan en ofrecer a la población una noción errática de la historia política local y de la gestión anguianista.

Lo publicado por Reporte Índigo, por ejemplo, contradice una nota que aparece hoy en el periódicoLa Crónica, donde se informa que la Auditoria Superior de la Federación encontró irregularidades por 70 mil mdp en los estados.

Curiosamente en los estados donde más se concentra el monto de las irregularidades no aparece Colima, sino Veracruz, Michoacán, Jalisco, Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Estado de México.  

No han sido los doces años de gobierno cavacista-anguianista los que le han dado al  traste a nuestro Estado, como ahora se insiste, no, el sarcoma real se formó, evolucionó y se enraizó en las décadas anteriores, a la luz de aquel PRI sin comparsa que podía darle rienda suelta a sus excesos, incluidos los de la corrupción.

De esa etapa gozaron los que ahora critican al gobierno cavacista-anguianista. De no deslindarse con señales contundentes Nacho Peralta de ese pasado, ese pasado volverá, y volverá con más reciedumbre, pues se creerá que el solo triunfo en las urnas limpiará la crónica de los daños. Si el poder terrenal está corrompido, sólo nos queda una esperanza: que el divino lo ponga en su justo sitio.

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