Tercer informe de Nacho Peralta

Este próximo 1 de octubre rendirá su tercer informe de gobierno el ejecutivo estatal José Ignacio Peralta Sánchez. Con éste se llega a la mitad de su gobierno, esto es a la etapa en que inicia de forma vertiginosa el declive del mismo. Sin ser maniqueos, postura que poco abona realmente al mejoramiento de nuestra comunidad, sino más bien ponderando una postura crítica sin complacencias pero tampoco sin escupitajos, el balance que hago del gobierno de Nacho Peralta es, desafortunadamente, más negativo que positivo, aun cuando hay aciertos importantes en algunos rubros, pese a que no se ven. Si bien lo que más ha lacerado, como nunca antes, a la sociedad es el problema de la inseguridad, no es la inseguridad per se lo que ofende a la ciudadanía cuanto la convicción de que esta problemática al Ejecutivo estatal no le importa, tan es así que la percepción social es de que el mandatorio se la pasa nada más viajando y anteponiendo excusas para evadir sus responsabilidades. Esta percepción, que lejos de aminorarse ha ido en aumento hasta penetrar en las fibras sociales más íntimas, se extiende a otros rubros del quehacer gubernamental: económico, educativo, administrativo, cultural, etcétera, generando una percepción global de un gobierno fallido, aunque -como he dicho- haya rubros esforzándose en hacer un buen trabajo. De gran parte de esta desarticulación gubernamental es responsable el propio gobernador, es cierto, pero también llevan bastante responsabilidad sus secretarios de Estado y su coordinador de comunicación social, incapaz de crear una estrategia de comunicación más allá de pagar para que hablen bien del gobernador y pagar para que se callen a las voces críticas. Una estrategia así no hará sino seguir sepultando la imagen de un mandatario cada vez más carente de empatía social. Si el objetivo principal del gobierno no es ver qué cúpula política secuestra el poder y lo retiene el mayor tiempo posible, a costa de lo que sea, sino, por el contrario, buscar la ejecución de programas y políticas públicas que coadyuven al bienestar social, entonces el gobernador Nacho Peralta deberá hacer un balance sin cortapisas sobre sus tres años de gobierno y después alentar lo que considere alentable y redirigir lo que considere errático, antes de que sea demasiado tarde para todos, gobernantes y gobernados. Yo confío en que luego de este tercer año habrá cambios significativos en el gobierno de mandatario estatal, pues no hacerlo no haría sino corroborar que de verdad al gobernador no le importa la sociedad que le dio la potestad de dirigir su destino y administrar sus bienes.

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