Rogelio Salazar Borjas: ¿la punta de muchos icebergs?

Como el caso del priista Rogelio Salazar Borjas tiene todas las características de una novela negra y policial, permítame el lector el desliz de presentar estas ideas en la forma de una ficción realista. Miren ustedes: el pasado viernes fue detenido en las inmediaciones de Colima-Jalisco el priista Rogelio Salazar Borjas junto con otros tres individuos, uno de Belice, otro de Michoacán y uno más de Tamaulipas. Viajaban en dos autos. En el interior de uno de ellos la policía encontró 20 kilos de cocaína.

Los elementos policiales descubrieron a los cuatro sujetos amordazados con sus propias camisas, pero sin signos (cosa rara) de violencia o tortura. Durante la detención, se dieron cuenta de que Salazar Borjas era funcionario federal, delegado del Instituto Nacional de Economía Social (Inaes), pero que también se trataba de un político con trayectoria dentro del PRI: había sido secretario del Ayuntamiento de Villa de Álvarez y también su Oficial Mayor, durante la administración del también priista Kike Rojas, pero también director de Giras y Audiencias del extinto gobernador Silverio Cavazos y director del Registro Civil, primero, y de Seguridad Privada, después, en la gestión del ex gobernador Mario Anguiano Moreno.

Actualmente se desempeñaba como delegado del Inaes en la administración del también priista Nacho Peralta. Sin embargo, luego de la detención e ingreso al Cereso de Salazar Borjas, los medios de comunicación aliados al actual gobierno iniciaron una estrategia de deslinde del mandatario Nacho Peralta a fin de que este delicado asunto no afectara la ya de por sí desacreditada imagen tanto del partido como del Ejecutivo estatal, que no ha conseguido la aceptación social esperada en lo que va de su gestión. Al mismo tiempo, ligaron a Salazar Borjas, como era obvio, a los chivos expiatorios del priismo actual: esto es, a Mario Anguiano Moreno y a Silverio Cavazos, además de que se dijo que el actual gobernador no había tenido nada que ver con los nombramientos de los actuales delegados federales, uno de ellos (Jaime Vázquez Montes, ex delegado de la Sedatu) asesinado recientemente y el otro (Salazar Borjas) detenido con 20 kilos de cocaína. Incluso hubo acusaciones tan temerarias por parte de un medio local que no reparó en relacionar el caso de Salazar Borjas con el ex candidato panista a la gubernatura Jorge Luis Preciado, todo con el fin, como ya lo publicó un medio nacional (El Universal), de blindar al gobernador Nacho Peralta, quien ahora, por cierto, está bajo el ojo del huracán por haber  adquirido un caro departamento en Nueva York y una mansión de un narcotraficante.

Desafortunadamente, por más que se intente cambiar el ropaje, el cuerpo político sigue siendo el mismo: Rogelio Salazar Borjas es un priista de hueso colorado y su caso no hace sino abrir un agujero mayúsculo al interior de un partido que ha perdido toda credibilidad social y se ha convertido en un lastre para el desarrollo de nuestro Estado. Lo peor de todo es esto: que el historial de relaciones del PRI con el crimen organizado, sea éste en la forma que fuere, tienen a nuestra entidad sumida en esta violencia imparable e indignante, donde cada día hay por lo menos un asesinato violento, siempre rodeado de impunidad. Aunque lleno de misterios en sus detalles, en lo general el caso de Salazar Borjas confirma que la historia política, por un lado, y la historia del narcotráfico, por el otro, son, muy tristemente, una sola y la misma, y basten esta serie de hechos para corroborarlo: el sospechoso avionazo donde perdiera la vida el ex gobernador Gustavo Vázquez Montes, el crimen del ex gobernador Silverio Cavazos, el crimen del ex coordinador de asesores Saúl Adame Barreto, el atentado en contra del ex gobernador Fernando Moreno Peña, el crimen del ex delegado de la Sedatu Jaime Vázquez Montes y ahora la detención con 20 kilos de cocaína de Rogelio Salazar Borjas, todo lo cual nos obliga a preguntarnos: ¿de veras todo esto es algo normal en una comunidad política que no rebasa el millón de habitantes?

Por demás está decir que de la detención de Salazar Borjas quedan en el aire las siguientes preguntas: ¿Qué andaba haciendo el delegado federal Salazar Borjas con un tamaulipeco, un michoacano y un extranjero de Belice en las inmediaciones de Colima-Jalisco? ¿Por qué andaban en dos autos y no en uno? ¿Qué hacían ahí 20 kilos de cocaína en medio de los cuatro? ¿Por qué fueron amordazados con camisas y no con cinta canela? ¿Por qué no los golpearon si los iban a secuestrar? ¿Quién fue ese soplón que hizo la llamada anónima que derivó en su detención? Y más aún: ¿qué otros priistas estarán involucrados en este asunto? ¿Dirá los nombres el ex delegado Salazar Borjas? ¿A qué cártel o grupo criminal le pertenece esa droga? ¿Cuál era su destino? ¿Qué grupo político está ligado con este cártel? ¿Qué harían con ese dinero? ¿En qué parte de la cadena criminal se encontraría Salazar Borjas? ¿Cuál será su destino jurídico?

En fin: ¿qué hay detrás de todo este misterio que ha envuelto su detención? La ciudadanía colimense no está aterrorizada ya por todos los crímenes que padece a diario en nuestra pequeña localidad, ahora estamos aterrorizados porque no sabemos ni qué los causa realmente, ni por qué, ni hasta cuándo, ni siquiera a quién tenemos como gobernantes. Las preguntas nos sobran ya, como puede verse, por eso ahora lo que queremos son respuestas y no evasivas. Eso es lo que le pedimos al actual gobierno: respuestas a la exigencia de paz, armonía y bienestar que merecemos todos los colimenses.

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