“Primero es mi familia, luego la sociedad: Pedro Peralta Rivas”

Cuando la traición, decía Thomas Hobbes, lleva como fin último el bien común o de las mayorías, no es traición sino justicia. Cuando, en cambio, lleva como fin último un beneficio personal o de grupo, entonces es un crimen. Si a esto se le agregan mentiras y blasfemias, entonces es también cinismo. En esta última figura se inscriben los ahora ex panistas que traicionaron a su propio partido con el fin de sacar beneficios personales.

Estos ex panistas son: Gabriela Benavides, Daniel Cortés, Aarón Vázquez y, por supuesto, Pedro Peralta Rivas, familiar del actual gobernador del Estado Nacho Peralta, quienes se pusieron al servicio (usando recursos públicos indebidamente para esa causa) del entonces candidato priista a la gubernatura ya mencionado. Ya circula un audio sobre las afirmaciones que hizo el propio Daniel Cortés, director de Capdam, en Manzanillo, en donde se confirma su participación en este complot contra el panismo local, a fin de hacerlo perder en las elecciones para gobernador pasadas, donde el candidato Jorge Luis Preciado era el mejor posicionado en las encuestas. Daniel Cortés afirma que, de la mano de Gabriela Benavides y Virgilio Mendoza, trabajarían sólo sobre un objetivo: quitarle votos a Jorge Luis Preciado.

Otras evidencias incriminan también a Gaby Benavides, alcalde cercanísima al ex panista y hoy verdecologista Virgilio Mendoza, quien, si recordamos, hizo alianza personal y partidista con el actual gobernador Nacho Peralta. La más burda incriminación, sin embargo, la he hecho para sí mismo el propio Pedro Peralta Rivas, quien en declaraciones con el periodista radiofónico Max Cortés confirmó no sólo su odio personal hacia el panista Preciado Rodríguez sino su aceptación de no haber apoyado su candidatura  ni trabajado en favor del proyecto panista.

Peor aún, el mismo Pedro Peralta Rivas afirma explícitamente que primero está el beneficio de su familia (el propio Nacho Peralta es su familiar) que el de la sociedad. Los panistas expulsados cometieron un descalabro más: su incongruencia, pues pretenden luchar por su permanencia en las filas del PAN sin darse cuenta que nada tienen que hacer en un instituto político que no podrá auspiciar militantes que sistemáticamente le hacen daño. ¿Quién quiere estar con alguien que nos da zancadillas y cuchilladas por la espalda a la menor provocación? La sociedad no debe confundirse: los traidores del PAN están a la vista de todos, aunque se escondan bajo máscaras.

Ellos, desde entonces, se alejaron de su partido, al traicionarlo. Hoy su partido no ha hecho otra cosa que poner en evidencia, con su expulsión, tan tremendo embuste. Los panistas leales y verdaderos, los que han estado en las buenas y en las malas con el partido, no deberían ya jamás abrirles la puerta. Ni ningún otro partido, por supuesto, si no quieren correr la misma suerte.

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