Primer periodo rectoral de Hernánde Nava

Al término de este año se cumplen los primeros cuatro años de gestión del actual Rector José Eduardo Hernández Nava, esto es, su primer periodo rectoral. A principios del próximo iniciaría su segundo y último periodo, que cerraría su ciclo de gobernanza y que, para entonces, se estaría en condiciones reales de poder hacer un balance de toda su administración.
 
Son de notar, sin embargo, dentro de lo que corresponde a estos primeros cuatro años, algunos aspectos que considero importantes de su liderazgo. El de mayor calado, desde mi punto de vista, no ha sido la encomiable reestructuración de áreas de gobernanza (como el propio Cedefu, dirigido por Alicia López de Hernández, quien lleva a cabo una labor de transcendencia más allá del recinto universitario), sino la estabilidad que ha logrado entre la comunidad universitaria pese a las sistemáticas acechanzas (internas y externas) de las que ha sido objeto.
 
La última de ellas, si recordamos, tuvo que ver con el intento de una minoría de intervenir la Ley Orgánica para obtener beneficios puramente particulares, lo que no pudo ser posible gracias a un Congreso local que vio en esta intentona una forma no sólo de violar la autonomía universitaria sino de transgredir la voluntad general institucional. Esta estabilidad universitaria conseguida al día de hoy por el Rector Hernández Nava se aprecia poco porque precisamente gozamos de ella y, como se sabe, sólo nos incordia aquello que no tenemos.
 
Pero ¿cuál ha sido el acierto de esta ganancia? La pluralidad y la tolerancia política e institucional con que el Rector Hernández Nava se ha conducido tanto al interior como al exterior de nuestra Casa de Estudios. Si observamos sólo a los actores políticos con los que nuestra Alma Máter ha signado acuerdos y convenios de colaboración (no menos antier lo hizo con el Ayuntamiento de Colima, de raíz panista), nos daremos cuenta que la apertura ideológica es algo que lejos de perturbar la paz y la armonía institucional, la fortalece. La Universidad de Colima, ya lo he dicho antes, no tiene que tomar partido, tiene, como lo ha hecho hasta hoy el Rector Hernández Nava, que abrirse a todos los ámbitos políticos y sociales que conforman nuestra entidad porque su labor y misión los abarca a todos.
 
Como no trabaja para un sector en específico ni su misión es la de favorecer a un grupo en particular, nuestra Universidad no transgrede sus principios y, por lo tanto, no tiene por qué descarrilar su rumbo. La disidencia, por lo demás, es esencial y necesaria, pero siempre y cuando no viole los derechos de terceros, no busque un beneficio personal o de grupo y no pase por encima del propio marco jurídico universitario. Los próximo cuatro años, pues, que le quedan al Rector Hernández Nava tienen que ser los de consolidación de todos los proyectos que iniciaron con esta administración rectoral o que ya habían empezado con ella.
 
El sello de la responsabilidad social debe marcar el compás, eso sí, de una institución educativa que es la base del progreso y desarrollo de todo nuestro estado.

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