PRI y PAN, próximo rumbo

El destino de Colima, al menos el de los próximos seis años, está en manos de dos partidos políticos: PRI y PAN. De la organización de cada uno de ellos depende su permanencia o no en el poder y, sobre todo,  el progreso y bienestar de la sociedad colimense, cada vez más hastiada de la corrupción, el abuso de poder y la impunidad. Aunque todavía estén pendientes varias impugnaciones, hechas por ambos partidos contra sus respectivos contendientes (la mayor de ellas es la de la gubernatura, que ya está en manos del Tribunal Federal), el escenario político por venir adquiere cada vez más rostro.

Empecemos por el PRI y digamos que lo que resalta de este instituto político, luego de su estrepitosa derrota, es su guerra interna y el paulatino desplazamiento que está llevando a cabo el llamado “Otro PRI” de la corriente anguianista, sin importar pasar por encima de cuadros valiosos. El “Otro PRI”, al que pertenece el gobernador electo Nacho Peralta, está en todo su derecho de cambiar de estafeta y reorganizar su fuerza política en función de sus propios cuadros, sin importar que los ataques hacia el gobierno actual (priista también) deje muy mal parado no sólo a la corriente anguianista sino a todos los priistas, por sus malas administraciones.

Se equivocan, pues, aquellos que creen que demeritando al gobierno de Mario Anguiano se va a legitimar al posible gobierno de Nacho Peralta. No es así. Además, un error que el PRI lamentará es, como he dicho, desplazar a cuadros valiosos no identificados con el “Otro PRI”.

El caso más emblemático es el del maestro Federico Rangel Lozano, actual líder estatal del PRI, quien, más allá del capital político que siempre ha poseído, sostiene con su sola presencia una moral partidista. Quitar del panorama político a una figura como Rangel Lozano, por ejemplo, y dejar en el álbum a solo personajes bien identificados del “Otro PRI”, como está sucediendo, equivaldría a asegurar otra derrota de igual o peores dimensiones en el futuro. Ojalá que todos estos sean rumores o espejismos, pero lamentablemente lo que se ve es una realidad contundente.

El PAN, por el contrario, cuenta con un problema en este momento, del que no es ajeno el PRI: tiene muchos traidores y muchos agentes externos ansiosos de dividirlo. El principal riesgo del PAN ahora mismo es no reconocer el liderazgo de Jorge Luis Preciado, puntal de esta avanzada albiazul, y en perder su unidad y olvidarse de que se ha convertido en la primera fuerza política del Estado, pese a quien le pesare.

La llegada de Enrique Michel a la secretaría general de este instituto político es un acierto porque, como en el PRI con Rangel Lozano, se le da un rostro probo a la militancia panista, que ahora tendrá que trabajar duramente en su reunificación, incluyendo los nuevos liderazgos que aparecieron luego de las elecciones (entre ellos el de Óscar Zurroza, Paco Rodríguez, Nico Contreras, etcétera). Un error de estrategia política podría dejar al PAN peor de como estaba antes de que Jorge Luis Preciado saliera a las calles a levantar esa erupción que, luego de la contienda electoral, dejó al PRI bajo un alud de ceniza volcánica.

PRI y PAN, pues, se encuentran en una etapa importantísima para su destino político futuro, la más importante de todas, porque, como ya se sabe, lo que se siembra hoy es lo que se cosechará mañana.

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