PRI-gobierno, vuelta al intervencionismo

El Tribunal Federal Electoral fue muy claro cuando advirtió sobre la importancia de extremar el principio de neutralidad por parte del Estado en las campañas electorales, sobre todo en aquellos funcionarios que tienen una labor de gran impacto social. Esta fue precisamente la causa que hizo que las elecciones de Colima se anularan y éste fue el mensaje que el Tribunal Federal Electoral enfatizó. Con el nombramiento de algunos miembros del gabinete del gobernador interino Ramón Pérez Díaz, y con el cambio de la dirigencia estatal priista, parece, sin embargo, que esta advertencia  no le ha importado ni en lo más mínimo a este instituto político. Nombres, por ejemplo, como el de Rogelio Rueda, actual dirigente del PRI estatal, Arnoldo Ochoa, nombrado secretario de gobierno, y Héctor Munguía, que pasó al Instituto de la Juventud, bastan para darnos cuenta que estos puestos clave fueron dados a quienes participaron de cerca en la campaña de Nacho Peralta: Rogelio Rueda fue su vocero, Arnoldo Ochoa fue su primer coordinador y Héctor Munguía su activo promotor, con lo cual pareciera que estos (y los demás que se sumen) han institucionalizado su activismo nachoperaltista desde puestos clave del gobierno, lo que atenta (ya de entrada) contra la contundente advertencia del Tribunal Federal Electoral. No dudo, debo aclararlo, de la integridad del gobernador interino Ramón Pérez Díaz, pero el mensaje que envía con estos nombramientos es que su figura es, ante este escenario, puramente decorativa. Para los que no lo sepan, estos claros (e incluso descarados) indicios de que padeceremos otra elección de Estado no sólo atenta contra una sociedad que tendrá que gastar alrededor de treinta y cinco millones de pesos en esta elección extraordinaria (porque es la sociedad la que la pagará con sus impuestos), sino también se atenta contra la propia autoridad (en este caso el Tribunal Federal Electoral) que con estas acciones es burlada de forma cínica. La estrategia de Nacho Peralta ha sido desmarcarse del gobierno del ex gobernador Mario Anguiano (atribuyéndole este lazo incluso al albiazul Jorge Luis Preciado con el único fin de desprestigiarlo), argüir que tiene las manos limpias y demostrar que no tiene ningún lazo con el negro pasado político priista. Pero los hechos, nuevamente, lo desmienten. Los actores políticos que lo arropan tienen una larga historia de corruptelas y esto, de cara a la propia sociedad, no puede representar ningún cambio. El PRI, pues, con su candidato Nacho Peralta, se desbarranca pues, luego de sus más de ochenta años en el gobierno, viene a representar el saldo desolador que ya no quieren los colimenses: violencia exacerbada, pobreza extrema, desigualdad preocupante, corrupción hiriente, y una deuda pública que indigna a cualquiera. El proyecto priista está ya muerto en Colima. Por el bien de nuestra democracia, bienvenida la alternancia.

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