Participación electoral universitaria

Como lo advertí en mi colaboración pasada, la elección a gobernador para Colima se resolverá en los tribunales. El PAN ha presentado su impugnación señalando un número considerable de inconsistencias en el proceso electoral que los jueces tendrán que sopesar para decidir la posible anulación de la elección. En el PRI, por lo pronto, se sigue buscando culpables sobre el colapso de este instituto político en esta contienda. Los fernandistas culpan a los anguianistas, los anguianistas a los peñanietistas y fernandistas, los peñanietistas a los anguianistas, pero lo más importante de todo es que reconocen que el PRI se abismó y, de confirmarse el triunfo de Nacho Peralta, será éste (que incluso también ha reconocido “el mensaje de las urnas”) quien tenga que encabezar la recomposición de su partido, si quiere volver a estar en el ánimo de la sociedad. La única forma para conseguirlo es ésta: volcarse a resolver las apremiantes necesidades de la población y no las de las élites políticas y los grupúsculos de poder que lo arroparon durante la campaña. Lo que le pasó al PRI, por otro lado, es una lección que todos los partidos (sobre todo el PAN, hoy primera fuerza política del estado) deben aprender. El que no lo aprenda, que asuma las consecuencias. Dicho lo anterior, es importante que en este balance no dejemos de enfatizar la participación que tuvo la Universidad de Colima dentro de la carrera comicial. Para muchos no fue notoria porque sólo notamos las cosas cuando nos afectan, pero no cuando funcionan bien. Si nuestro pie está caminando bien pueden pasar días antes de darnos cuenta de que incluso tenemos pie, pero apenas nos duele y entonces toda nuestra atención se vuelca en él. Es lo mismo que pasó con la participación de nuestra alma máter en este proceso electoral. Aun cuando no faltaron críticas (sobre todo de Morena y de los disidentes de la FEC) sobre su intervencionismo ligado a ciertos candidatos, especialmente a Héctor Magaña, quien surgió del nicho universitario y quien fue de los pocos que sobrevivió al desplome priista, la Universidad no se politizó y, por tanto, no incendió la susceptibilidad de los universitarios, como sucedió en otras épocas. Cobijó el debate de los candidatos a gobernador y salió airosa, pues nadie criticó (en el postdebate) que nuestra casa de estudios hubiera tenido preferencia por algún candidato o fuerza política. Esto debe reconocérsele al rector Hernández Nava y aplaudírsele a la comunidad universitaria, porque aunque parezcan extremos que no se tocan, de la lección que nos ha dejado la caída del PRI en Colima nadie nos deberíamos sentir excluidos.

 

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