PAN, primera fuerza política en Colima

Aun cuando no se ha resuelto la elección para gobernador (todo parece indicar que se resolverá en los tribunales), las pasadas elecciones han dejado ya un saldo contundente: el PAN se ha convertido hoy por hoy en la primera fuerza política de Colima.

El colapso del PRI, reconocido así mismo por muchos opinólogos e incluso priistas, entre ellos “Pico” Zepeda, quien lo afirmó en una entrevista que circula en redes, no ha hecho sino dar muestras del hartazgo de la sociedad colimense hacia ese instituto político y, sobre todo, hacia específicos personajes y vertientes de la política estatal, como el “fernandato” o el “anguianismo”, cuyo fracaso en las urnas (encarnado en el mismo “Pico” Zepeda y, sobre todo, en Hilda Ceballos y Alma Delia Arreola, esposas del ex mandatario Fernando Moreno Peña y el mandatario Mario Anguiano, respectivamente) hace inobjetable ese lamentable repudio.

Los que no se alejan del sentido común aristotélico saben que el que gana la mayoría (evidencia del sentir de la voluntad general), gana, por tanto, la parte, y esto ha sido lo que sucedió con el PAN, quien ganó la mayoría en el Congreso local y en las alcaldías, además de obtener una diputación federal (arrebatada a Norma Galindo, esposa de otro priista exmandatario, Gustavo Vázquez Montes), de ahí que la imparcialidad y la transparencia del Instituto Electoral del Estado esté quedando evidentemente en entredicho, lo que viene a indignar más a una sociedad que se ve burlada por su propio órgano electoral. En cualquier caso, para mal del PRI y para bien de la sociedad en general, la estafeta política cambia y el PAN ahora se convierte, como he dicho, en la primera fuerza política del estado, hecho inédito en la historia de Colima, donde, por lo menos en el Congreso local, los albiazules nunca habían tenido mayoría, lo que indica que tendrán el control de uno de los tres poderes fundamentales para la gobernanza del estado.

De llegar Nacho Peralta a la gubernatura, Colima tendría un equilibrio de fuerzas, porque son los propios congresistas los que deciden el destino del otro poder estatal importante: el Judicial, y, además, a través del mismo Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización Gubernamental (Osafig), y otras facultades del legislativo podrían maniatar cada falso paso que intente dar el Ejecutivo, quien no la tendría para nada fácil.

De llegar Jorge Luis Preciado, entonces el PRI no tendría nada pero nada que hacer ya en Colima, pues con esto se demostraría el fin de un instituto político que no supo evolucionar a la par del sentir de la sociedad y que tuvo una actitud por demás soberbia hacia la ciudadanía, que le dio tremendo voto de castigo en estas elecciones y, prácticamente, lo sepultó hasta medio cuello. El PAN, por otro lado, no la tendrá nada fácil tampoco: deberá valorar muy bien la confianza que la sociedad le ha depositado y no tirarla, a la primera de cambios, por la borda, como lo hizo el PRI, ahora con reprochables resultados. Tendrá, además, que reorganizarse y reunificarse en función, primeramente, de esa sociedad que lo vio como la única fuerza política capaz de sacarlo de su miseria, su incredulidad y su impotencia, y tendrá, además, que saber aglutinar en un proyecto político común a las fuerzas políticas emergentes, como Morena y Movimiento Ciudadano, pues ambas -sobre todo la primera, que parece que ha llegado para sustituir al PRD, como ha sucedido en el DF- hicieron un papel electoral importante.

En no darle la espalda a esta ciudadanía consistirá el verdadero triunfo y la permanencia del PAN en los próximos, por lo menos, tres años.

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