Oficios de mi barrio y visita a los mercados, dos programas imprescindibles

Dejo a un lado la reflexión política por esta semana (aunque han sucedido acontecimientos muy importantes, sobre los cuales volveré la próxima) para alertar a todos los colimenses sobre algo que no debe pasar desapercibido y que es de sumo valor para el estado de Colima. Se trata de dos programas llevados a cabo por el gobierno del Estado, por un lado, y por el Ayuntamiento de Colima, por otro: “Recuperando los oficios de mi barrio” y “Visita a los mercados de Colima”, respectivamente. Luego de casi once años viviendo físicamente fuera de México (aunque con el corazón todo el tiempo en Colima) me he dado cuenta y he confirmado la riqueza de nuestra cultura y tradiciones locales, una riqueza que no tiene comparación y que refleja el ser y la identidad de los colimenses.

He vivido todo este tiempo con una pesadilla recurrente: que los mercados de mi ciudad y de mi país desaparecen debido a la influencia de los grandes emporios comerciales que, venidos del extranjero, acaban con lo más genuino de nuestra cultura, arrasando incluso con nuestra identidad. No creamos en la idea de que por ser extranjero es mejor, ese es un gran embuste. No creamos en la comida enlatada, en la comida congelada, en los productos no nacionales, en las etiquetas foráneas. Créanmelo: nuestras costumbres y hábitos alimenticios, familiares, de convivencia, de recreación, de trabajo, etcétera, son valiosísimos y estamos obligados a no dejar que se pierdan.

Los países extranjeros así lo hacen para sí mismos, es su política pública, de ahí que la intenten imponer (a través de las trasnacionales) a nosotros. No debemos permitirlo. Yo, por mi parte, no dejaré jamás de luchar por ello y no tengo ningún problema en convertirme en su vocero más aguerrido. Por eso creo que estos dos programas, que recuperan oficios tan nuestros como el de corte y confección, zapatero, tradiciones culinarias, peluquería, y que promueve la visita a nuestros mercados, deben ser la punta de lanza para continuar una avanzada en la que todo lo que somos como colimenses vuelva a arraigar en nosotros y, sobre todo, en futuras generaciones.

Colima necesita seguir fomentando la convivencia en jardines, parques, plazas, necesita seguir subsidiando y dignificando la vida de los vendedores de tuba, bate, tejuino, raspado, elotes, churros, tacos, los vendedores ambulantes, las panaderías, las cenadurías, los destinos turísticos reconocidos por toda nuestra clase popular, las fiestas de barrio y los deportes, etcétera, porque de esa manera podremos conseguir que la violencia que aqueja no consiga desmembrar nuestras relaciones interpersonales y podamos, incluso, ser capaces de reconstruir nuestro tejido social.

Sería ideal, entonces, que a programas como estos se unieran otros y que no se hicieran de forma independiente, sino que se unieran todos los niveles de gobierno para que pudieran llevarse a cabo a lo largo y ancho de nuestro estado, con mayor fuerza aún y, sobre todo, con más plausibles resultados.

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