Nuevo modelo educativo UdeC

Se anunció, recientemente, el nuevo modelo educativo de nuestra alma máter para los próximos años. Su característica esencial, con respecto al autorizado en 2009, es su elemento social, aunque busca reforzar el resto de sus aspectos: visión humanista, enfoque centrado en el aprendizaje y flexibilidad. Un aspecto que sobresale es su cambio de perspectiva: que ahora estará centrada en el estudiante y no en los modelos tradicionales que tienen al maestro como eje de la enseñanza-aprendizaje. El nuevo modelo educativo me parece ciertamente ambicioso en su concepción general, pues toca muchos ámbitos que conllevarían no sólo un cambio en nuestra legislación y normativas de estudios (muy parecida, por lo que veo, en más de un sentido, a los curriculums anglosajones), sino, sobre todo, un cambio en la manera de ver y reflexionar sobre nuestro entorno. No dudo de que este cambio de visión individual y colectiva dentro de nuestra comunidad universitaria pueda ser posible, pero hay que tener en cuenta que requerirá de un esfuerzo inédito para conseguirlo, pues no siempre lo que concebimos teóricamente es viable en su sentido práctico. Si buscamos que nuestros estudiantes se formen mejor intelectual y humanamente, tendremos como consecuencia estudiantes más críticos, más conscientes de su entorno, menos complacientes. Luego entonces, tendríamos que formularnos la siguiente pregunta: ¿los profesores, funcionarios universitarios, personal administrativo, etcétera, ya estamos realmente preparados para eso? Porque si queremos que el estudiante se transforme, tenemos que tener muy claro que también el maestro deberá evolucionar en el mismo sentido, dejando las formas arcaicas no sólo de la enseñanza, sino también de la forma en que se relacionan los seres humanos, con sus presupuestos culturales, ideológicos, etcétera. Mi propuesta, pues, es que miremos a los estudiantes, sí, pero no se descuide para nada a la figura del profesor-investigador, quien deberá tener cubiertas todas las necesidades imprescindibles para su labor como docente y como creador de nuevos conocimientos, esto a través de apoyos a la investigación, conferencias y demás estímulos propios de la carrera académica. No dudo, repito, que este nuevo modelo pueda ser un éxito, incluso es loable ya de por sí que se piense sistemáticamente en mejorar, pero siempre y cuando nos demos cuenta del reto y del esfuerzo que se requerirá para conseguirlo.

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