Nacho Peralta y la Universidad de Colima

El estado de Colima tiene una gran deuda (histórica ya) con nuestra Máxima Casa de Estudios. Una deuda no sólo entendida en su sentido literalmente económico, sino, sobre todo, moral. Esta deuda moral tiene que ver con un incumplimiento cabal a una política pública: la de hacer verdaderamente de la educación el motor principal del progreso de nuestra entidad. No hay en este momento una institución que salvaguarde ese cónclave de nuestro desarrollo que la Universidad de Colima. Es, lo he dicho siempre, el cerebro de nuestro estado, el espacio en donde con libertad, pluralidad y creatividad nace y se reproduce nuestro plan futuro de fortuna como comunidad. Que el Rector actual, Eduardo Hernández Nava, esté conduciendo con acierto el destino universitario, evitando que la crisis financiera que afecta a la educación pública de nuestro país (en la que se incluye Colima) no desequilibre el rumbo ni descalabre las funciones sustanciales de nuestra alma máter, no quiere decir que las obligaciones económicas del estado colimense puedan postergarse en perjuicio de la institución educativa más importante de nuestro localidad. Ya  son varias ocasiones en las que el gobernador Nacho Peralta alude a nuestra casa de estudios. Lo hizo en el Desayuno de la Unidad y la Lealtad Universitaria, en donde habló del “absoluto y total respeto a la autonomía universitaria en todos los sentidos, no solamente académica, sino también de autodeterminación administrativa y financiera”, ratificando que “es algo que se ha convertido en un baluarte que debemos de respetar”. Antes, incluso, durante su campaña y en entrevista con el director de El Comentario, Pepe Ferruzca, el entonces candidato priista insistió en el compromiso de  regularizar la deuda con nuestra institución para “que la Universidad cuente con la certeza financiera de que estará recibiendo puntualmente lo que le corresponde y lo que se ha convenido, para que le permita tener una operación normal”. El gobernador Nacho Peralta anunció hace unos días una inversión de mil millones de pesos a seguridad en este primer año de Gobierno, lo que no me parece mal para volver a traer la paz y la tranquilidad de nuestra entidad. Pero yo sólo quiero recordar que en ningún país del mundo, en donde la sociedad ha alcanzado niveles de civilidad óptimos que le permiten una convivencia armónica, las armas han sido mejor antídoto que la educación. Por eso yo creo que una inversión similar debería destinarse no sólo a nuestra casa de estudios (con quien se tiene una deuda sabida por saldar), sino a la educación colimense de todos los niveles, incluida la del nivel preescolar, que es donde los niños toman la primera conciencia del entorno donde viven. La educación, pues, debería ser el eje rector de las políticas públicas de la administración nachoperaltista, porque a través de ella todo el resto convergerán en una positiva sinergia, devolviéndole a la sociedad colimense su perdido estado de bienestar.

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