Mi maestro Ruelas Ocampo

Aún hoy muchos no saben que soy abogado. Lo soy y muchos años mi paisaje  laboral fue la Procuraduría General de Justicia del Estado (hoy convertida en Fiscalía) y el Supremo Tribunal de Justicia. Levanté miles de denuncias y declaré a cientos de delincuentes, también redacté acuerdos e hice embargos. Hasta que un día decidí cambiar la dura realidad por la ficción, que, me daría cuenta con el tiempo, no es menos dura. Muchos años intenté olvidarme de mi vida como abogado, me impuse no recordar aquellas noches de guardia en el Ministerio Público, especialmente cuando había que hacer levantamiento de cadáveres o dar la fe de lesiones a heridos de taciturnos hospitales. Pero así como la ficción fue mi fuga, así fue ella misma mi retorno a aquel aciago mundo. Un día me vi escribiendo novelas negras y policiacas y contando las historias que había vivido en aquellos años de exacta juventud. Fue sufrir de una manera gozosa volver a recrear muchas de esas experiencias. Ahí comprendí que el pasado, como decía Maeterlinck, siempre está presente, es nuestra propia sombra. He terminado por no arrepentirme de nada. Ahora lo pienso, sin esos años no existirían mis novelas Conducir un tráiler, 41, El crimen de Los Tepames, etcétera.  Tampoco, ahora que lo pienso, mi pasión literaria, que en gran medida se reafirmó en las aulas de la Facultad de Derecho, donde tuve  maestros modélicos, maestros-guía, como el mismo maestro Ruelas Ocampo, recientemente fallecido. Evocar al maestro Ruelas Ocampo es para mí una forma de regresar a mi determinación de convertirme en escritor, cosa que en una sociedad como la nuestra es casi insultante: ¿pretendes ser escritor? ¡Te vas a morir de hambre! Mi maestro Ruelas representaba para mí, sin embargo, esa escisión, una excepción a la regla. Era un jurista pero también era un hombre de letras, un lector acucioso que, cada que la ocasión lo ameritaba, evocaba pasajes de una novela, citaba la frase de un escritor o filósofo, enumeraba libros y lecturas, generalmente literarias ¿eso lo podía hacer también un abogado? Pronto advertí, primero, que era posible: podía ser un abogado literato, como muchos había en nuestra tradición, gracias al maestro Ruelas Ocampo, a quien nunca le molestó que leyera en sus clases obras que nada tenían que ver con su clase. Tiempo después me di cuenta de que podía también abandonar mi carrera como abogado y dedicarme sólo a la de letras, aun cuando el futuro me fuera incierto. Si un maestro me fue en aquel tiempo ejemplar para tomar esta decisión, ese fue el maestro Ruelas Ocampo, especie de hombre de letras y artista (recordemos que quiso ser pianista) metido a abogado. A casi todos mis compañeros de generación y de otras generaciones los marcó el maestro Ruelas Ocampo de una u otra manera, de ahí el merecido renombre que siempre tuvo. Era un maestro en toda la extensión de la palabra, conocedor de su ciencia y de la sensibilidad humana. El legado que dejó lo pudimos constatar con el homenaje que se le hizo de cuerpo presente en la Facultad de Derecho hace unos días: fue muy sentido y estuvo lleno de quienes le quisimos y admiramos. El Rector de nuestra Casa de Estudios anunció que la sala de titulaciones de dicha Facultad llevará de aquí en adelante su nombre. Nuestra memoria también.

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1 comentario en “Mi maestro Ruelas Ocampo”

Queridísimo Poeta ! Qué alegría que seas tan agradecido con tu maestro Ruelas Ocampo, estuve en su funeral y en su misa de cuerpo presente, soy amiga de su esposa y de la familia Santa Ana Dueñas. Yo tuve un Ruelas Ocampo en mi formación en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara, en las aulas cuatro años y en la vida veinte años hasta que murió en 1985. se llamaba Arturo Rivas Sáinz, era abogado y un erudito esteta, poeta y ensayista, tú lo debes de conocer, cuando te vea te regalaré sus libros. La memoria de un maestro como Ruelas Ocampo, que me consta como hombre culto de magníficas lecturas, queda vivo en sus alumnos, familiares y amigos. Te mando un abrazo, la gratitud es de seres luminosos e inteligentes como tú.

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