Los maestros despedidos de Colima

Lo que más lastima y hiere con respecto al tema de los maestros despedidos injustamente es principalmente la insensibilidad e incluso la indiferencia mostrada por el gobernador Nacho Peralta, ante un hecho que, en este preciso momento, es todavía más importante que el de la seguridad, pues el despido de más de mil maestros (en los que se incluyen no sólo los de inglés, sino también los de muchas otras asignaturas) repercutirá en miles de familias colimenses, en miles de estudiantes y, por supuesto, en el futuro inmediato de nuestra entidad. En este caso que ha realmente lacerado las fibras sociales más íntimas, y al que por fortuna se han solidarizado muchos actores políticos de diferente filiación ideológica (del PAN, del PRD, del PES, salvo del PRI), lo que más ha sobresalido es la opacidad con que lo ha tratado el Ejecutivo estatal, pese a las constantes manifestaciones de los maestros en las diferentes instancias de gobierno y sindicales, pues maestros agraviados, directivos y hasta padres de familia y estudiantes han acudido a los medios de comunicación, a los sindicatos, al Congreso y hasta a las puertas de Casa de Gobierno sin obtener ni una sola respuesta contundente sobre esta situación que subyuga a maestros y padres de familia.

Ha generado tantas suspicacias esta reprobable decisión de despido masivo de maestros que incluso el delegado federal de la Secretaría de Educación Pública, Miguel Ángel Aguayo, ha entrado en serias contrariedades con el encargado del ramo en Colima, el maestro Óscar Javier Hernández Rosas, quien ahora es ya acusado de favorecer a funcionarios cercanos con plazas que no fueron concursadas debidamente sino otorgadas de forma autoritaria. Dejo el ámbito personal, que es en el que siento un afecto especial por el maestro Oscar Javier y su esposa, debido a la larga relación de amistad que tienen con mi madre, y paso al terreno estrictamente público para decirle al Srio Hernández Rosas lo siguiente: que tendrá que aclarar contundentemente esta denuncia antes de que se hagan públicos los pormenores de dichas acusaciones que abonarían todavía más al descrédito con que se entregan las plazas, además de evitar que estas prácticas se den en el futuro. Por si todo lo anterior no fuera poco, los líderes sindicales de la sección 6 y 39 no sólo se han quedado a la zaga frente a un hecho en que le debieron demostrar a los maestros y sociedad para qué están hechos los sindicatos, para qué realmente sirven y cuál es su función sustancial, sino que también acreditaron, para decirlo con pragmatismo, su inutilidad, como quien dice: cobran sin trabajar.

Es ya por todos sabido que todo este dinero que se quiere ahorrar el gobernador restándole calidad a la educación con el despido de maestros y la fusión de grupos (que pasarían de 30 a 50 o 60 estudiantes) es para asuntos o electorales o de interés político personal, porque gente que sabe del tema me ha confirmado que, de quererlo, esta problemática se podría solucionar sin necesidad de causar graves estragos a los maestros y, por ende, a la calidad educativa de nuestro estado, de ahí que ese exhorto que hizo el gobernador a los Ayuntamientos no sea más que una forma de distraer a la sociedad de la cruda realidad educativa que padecerá en el porvenir, responsabilidad que el gobernador quiere repartir entre muchos. A mí, en lo personal, me indignan todas las historias que he escuchado de maestros que, pese a estar bien evaluados y haber hecho un trabajo impecable el pasado ciclo escolar, ahora los dejan sin trabajo de un día para otro, porque las autoridades ni siquiera les hicieron valer el derecho de avisarles con la anticipación que un caso de estos requiere. Quedará, pues, el eje rector educativo del gobernador Nacho Peralta manchado de negro para siempre, y pasará a la historia como el Ejecutivo que canceló la posibilidad de tener una verdadera educación de calidad para la sociedad colimense.

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