Ley Orgánica Universitaria

Nadie conoce mejor a la Universidad que su propia comunidad universitaria, de ahí que el Artículo 3 constitucional, en su fracción VII, haya dotado a las universidades y a las demás instituciones de educación superior de autonomía, con la cual “tendrán la facultad y la responsabilidad de gobernarse a sí mismas”, evitando que los vaivenes políticos y los intereses de grupo puedan afectar su misión principal, que es “educar, investigar y difundir la cultura (…), respetando la libertad de cátedra e investigación y de libre examen y discusión de las ideas”.

Siendo la Universidad el lugar del saber por antonomasia, sus cambios y transformaciones, sobre todo cuando son profundos, no pueden ser abanderados por un solo grupo, y menos si éste no aspira sino a favorecer intereses puramente personales y saciar revanchismos. Por tanto, la estabilidad de cualquier institución educativa no puede estar sujeta al capricho de unos cuantos. Refiero esto porque hace unos días un grupo de universitarios y ex universitarios, comandados por el ex líder sindical Leonardo Gutiérrez Chávez, se presentaron ante el Congreso local para pedirle una iniciativa de ley encaminada a reformar la Ley Orgánica de nuestra casa de estudios, a fin de (y ese fue su argumento de más peso, por lo menos mediático) quitarle poder a la figura del Rector.

Yo, hace algunos años, hablé de la necesidad de reformar la Ley Orgánica universitaria, moción para la cual extrañamente el exlíder sindical Gutiérrez Chávez y su grupo no ofrecieron ningún respaldo. Si ahora lo hacen es, para aquellos que tengan memoria de nuestra historia universitaria reciente, en virtud de que se vieron dañados en sus intereses personales (principalmente en no haberle sido posible a Gutiérrez Chávez ser Rector, como pretendía) y en buscar mediante un mecanismo ilegítimo una transformación que en realidad no tiene el aval de toda la comunidad universitaria, lo que contraviene incluso a la noción de autogobierno de nuestra casa de estudios.

Yo creo que la Ley Orgánica debe estar al día de la realidad actual, estoy convencido de ello, pero lo que no apruebo (y espero que el Congreso local tampoco lo haga) es crear una iniciativa que sólo atienda a una minoría y que le dé la espalda a la voluntad general universitaria, que es donde debe nacer, desarrollarse y concretarse todo cambio sustancial que se haga a la gobernanza de nuestra alma máter.

No hay que ser incendiarios en un asunto que requiere una cavilación rigurosa, incluyente y que realmente beneficie el futuro de nuestra institución, porque la Universidad, como toda entidad donde conviven más de dos, debe atender al bien común y no sólo al estado de bienestar de unos cuantos.

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