Las universidades unidas jamás serán vencidas

Una iniciativa presentada el pasado 18 de febrero por el diputado morenista Miguel Ángel Jáuregui Montes para reformar la Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la que básicamente se proponía que el rector y otras autoridades universitarias fueran elegidos mediante elecciones, desveló finalmente las intenciones de intervención a escala nacional a las instituciones educativas de nivel superior de nuestro país. La respuesta no se hizo esperar por parte del rector Enrique Graue, de la UNAM, y fue contundente: con la autonomía universitaria no había que inmiscuirse. El rector, por tanto, pidió el apoyo de otros diputados (morenistas y de otras filiaciones políticas) para que se retirara esa iniciativa, petición que obtuvo inmediata respuesta favorable y que obligó al diputado Jáuregui Montes a retirar su iniciativa hace un par de días, obligando a los diputados morenistas a reiterar su respeto irrestricto a la autonomía de la institución educativa más grande e importante de nuestro país. Lo que ha sucedido con la UNAM, y lo que sucedió antes con la Universidad Autónoma de Nayarit, incluso lo que no hace mucho también empezó a moverse similarmente en contra de nuestra casa de estudios, no parece ya un caso aislado de una institución educativa u otra sino una especie de plan maestro para intervenir la autonomía de las universidades (llámase para cooptar su inteligencia) y, con ello, llevar a cabo supongo un plan de acción que, en el fondo, tendrá fines políticos y de perpetuación del poder del partido político en turno, tanto a nivel estatal como federal, todo ello bajo el argumento de que las universidades devinieron en entes corruptos que sólo ellos podrán descorromper. Es, pues, un plan que me parece muy pernicioso para la vida democrática de nuestro país y, sobre todo, para el fortalecimiento de las libertades ciudadanas y sus derechos individuales más íntimos. Entrometerse en la vida de las universidades e intentar controlarlas desde la espera política es uno de los peores retrocesos que puede tener nuestro país, de ahí que tengamos, todos los que advertimos y tenemos la convicción de este riesgo latente y real, de luchar para evidenciar este pernicioso peligro. Por fortuna, en nuestro caso, la comunidad se ha unido al liderazgo del rector Hernández Nava en una protesta unánime desde que se presentó en el congreso local, también por parte de legisladores morenistas, la iniciativa para reformar la ley orgánica de nuestra máxima casa de estudios, a todas luces ilegítima y violatoria de la autonomía institucional. Aquellos que creyeron en las buenas intenciones de esta iniciativa, sin enmarcarla en un contexto más amplio y sin ligarla a una propedéutica propiamente política, espero que ahora se den cuenta de que detrás de esta iniciativa nunca hubo (ni hay, ni habrá) buenas intenciones ni para la comunidad universitaria ni para la ciudadanía colimense. Aunque cada vez más se diluye el impulso de estas propuestas temerarias de intervencionismo universitario, no creo que haya que bajar todavía las armas pues la voluntad de controlarlo todo por parte del partido en el poder –además de partido mayoritario- no dan visos, desafortunadamente, de extinguirse.

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