Las narcofosas de Tecomán

El hallazgo es macabro y alarmante. No fueron dos ni tres, sino once narcofosas las descubiertas en Tecomán por la Fiscalía General del Estado, con –por el momento- diecinueve cuerpos por identificar. Si bien es un delito del fuero federal, que se inscribe dentro del rubro de desaparición forzada de personas, no es posible desligarlo de la violencia que azota a nuestra entidad en todos los frentes, pues ahora ya hemos visto que la noticia reciente de secuestro a mujeres ha inquietado sobremanera a la ciudadanía colimense.

No deja de haber crímenes a la luz del día y en los lugares más insospechados: avenidas transitadas, en comercios llenos de gente, incluso en lugares de esparcimiento. La violencia sigue imparable y Colima se ha convertido, con cifras contundentes, en uno de los lugares más inseguros del país. Toda la información que se vierte al respecto de la violencia genera confusión (lo estamos viendo con el tema del secuestro a mujeres) y cualquier dependencia encargada de la seguridad pública genera suspicacias, se duda de ella o se desacredita.

Y es que el tema de fondo, el tema de raíz, es que no se tiene una estrategia real de combate a la violencia (no al menos la que esperaría la sociedad) ni tampoco una vinculación efectiva entre los diferentes órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal). En Colima, lo vimos hace poco, la cabecera municipal pidió hacerse cargo de la seguridad del municipio.

El alcalde Locho Morán anunció que su administración se encargaría de la seguridad nuestra y que, para ello, recibiría ahora directamente de la federación los 13 millones que antes se destinaban al Estado. Esta transición tardaría 90 días en darse (supongo que para marzo) pero en todo este intermedio no sabemos más nada de lo que es la estrategia de seguridad para una entidad (y un municipio) con una violencia que se sale de toda proporción.

Tampoco se entiende bien (y eso lo habrá, supongo, que explicar el propio alcalde capitalino) qué ámbitos de la seguridad corresponderán al municipio atender y cómo la ciudadanía podrá acceder a ellos. Se ha dicho que el 911 ya no podrá atender ciertos casos, no sabemos cuáles. Y si no lo hará, ¿de qué forma esto se sustituiría? Por otro lado, ¿qué parte de la seguridad le corresponderá ya al Estado y cuáles serán las estrategias que se implementarán para resguardar la paz de los colimenses? Más aún, ¿habrá una vinculación del municipio y del Estado a algún plan de seguridad nacional o cómo se vincularán unos y otros?

 Lo que estoy planteando aquí no son sólo preguntas que normalmente estará planteándose el ciudadano común, lo que estoy planteando también es que hay una gran confusión en el tema de la seguridad que impone una respuesta clara y concisa de las autoridades. La estrategia de comunicación para dar a conocer estos pormenores es totalmente fallida y la sociedad se encuentra como en el limbo comunicacional, además de en peligro de ser arrollada en cualquier momento por esta ola de violencia.

 El sentido común me dice que mucho tiene que hacer por delante el gobernador Nacho Peralta, los alcaldes de los diez municipios y el gobierno federal para que la sociedad conozca el rumbo que tendrá el combate a la violencia en el país y, en particular, en nuestra entidad. En lo personal, no veo ni siquiera interés por mantener en calma a la ciudadanía, antes al contrario: la carencia de una eficaz y eficiente comunicación hace levantar suspicacias, alarmas redundantes y psicosis que impacientan a la sociedad innecesariamente.

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