Las fortalezas del PAN, las debilidades del PRI

Hay algo que los panistas no deben olvidar de las pasadas elecciones: en primer lugar, que su candidato a la gubernatura, Jorge Luis Preciado Rodríguez, obtuvo el voto (la confianza) de 118,934 colimenses y que estos votos los obtuvo él solo, sin ir en coalición con ningún otro partido, como lo hiciera el candidato priista Nacho Peralta, que tuvo de aliados a Nueva Alianza y al Verde Ecologista.

 

En segundo lugar, los panistas tampoco deben olvidar que Preciado Rodríguez tuvo, de facto, como enemigos a los candidatos de Movimiento Ciudadano, Locho Morán, y a la candidata del PRD, Martha Zepeda, más aparte la debacle de varios panistas que aparentemente medrarían toda posibilidad de triunfo de los albiazules en las elecciones, como el mismo Virgilio Mendoza o el propio Locho Morán, cuyo abandono no le hizo ningún rasguño a la rentabilidad electoral del panismo local.

 

A todo esto hay que agregar, en tercer y último lugar, que padecimos una más que evidente (y agresiva) elección de Estado, cuyas pruebas estuvieron a las vista de todos, todos los días.

 

A pesar de todas estas supuestas mermas, Preciado Rodríguez obtuvo, ya lo dije, 118,939 votos de los colimenses, un número superior al que obtuvo Nacho Peralta en solitario, y, sobre todo, ayudó a que la planilla de candidatos panistas (incluidos aquellos que hoy traicionan a esta fuerza política en el Congreso) obtuviera triunfos loables.

 

De más está decir que con la recientísima resolución del Tribunal Federal, en la que reasigna dos plurinominales más para el PAN en el Congreso local, la mayoría panista en esta legislatura se fortalece.

 

Lo anterior quiere decir que aquellos que ven al PAN disminuido no lo es así porque los que le dieron fortaleza (entre ellos el mismo Preciado Rodríguez, pero también Héctor Insúa, Rafael Mendoza, Enrique Michel, Francisco Rodríguez,  Yulenny Cortés, Nicolás Contreras, Martha Sosa, etcétera) siguen en sus mismas trincheras y mal harían en abandonarlas.

 

Los panistas no deben, pues, perder el rumbo (y es en la unidad de sus lealtades en lo que deben enfocarse) porque tienen a un PRI lastimosamente debilitado, desprestigiado y que pasa por tan grave crisis de credibilidad que alcanza, abraza e incluso obstaculiza la posible llegada del gobernador electo Nacho Peralta a la silla gubernamental.

 

El PRI, por su parte, a través de Nacho Peralta tendrá que echar por tierra una cantidad considerable de malas sombras que lo siguen si no quiere gobernar a contracorriente de una furia de casi ciento veinte mil colimenses que expresamente no lo quisieron como su mandatario y que en las redes sociales (el canal que les da la voz que los medios oficiales y oficialistas les niegan) estarán cuestionando con rudeza todas sus acciones.

 

De llegar a confirmarse su triunfo (lo que sabríamos ya en breve), el primer gran paso que debe dar Nacho Peralta es elegir a las personas adecuadas para conformar su gabinete. Esos rostros que estarán acompañándolo en su gestión deberán ser perfiles probados no sólo de profesionalismo y capacidad, sino, sobre todo, de ética y honestidad como servidores públicos.

 

Un atisbo de compadrazgos, amiguismos, nepotismos y demás ismos en la elección de su gabinete pondrán de rodillas un arranque de Gobierno que, seguramente, no podrá recuperarse, porque, como lo indica inequívocamente la conseja popular, “el que mal empieza, mal acaba”.

 

Las principales fuerzas políticas del estado ahora mismo (el PAN y el PRI) tienen una oportunidad de oro para devolverle a Colima su tranquilidad, su bienestar y su esperanza.

 

El instituto político que logre dar en este blanco, tendrá asegurado su porvenir en el ánimo de la sociedad colimense, que de verdad está hastiada de tanta patraña.

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