La vergüenza de ser priista

La desprestigiada administración del presidente Peña Nieto (a nivel federal) y la no menos cuestionada del gobernador Peralta Sánchez (a nivel local) han obligado a los priistas a avergonzarse, como nunca antes, de pertenecer a este instituto político.
 
Es notorio ver cómo se han tenido que camuflar los colores y logos del partido en los espectaculares de los candidatos priistas a fin de no irritar a la población que los encuentra en el camino. Como la alianza a nivel local del PRI es con el Verde Ecologista, los candidatos priistas prefieren en todo caso poner como telón de fondo a esta última fuerza política porque saben que de lo contrario los electores les darán con la puerta en las narices.
 
Todavía recuerdo cómo hace unos días se viralizó un anuncio puesto en la cochera de una casa colimense que rezaba más o menos así: “si eres priista, ni se te ocurra tocarme la puerta, porque tengo memoria y dignidad”. Si ya de por sí es grave avergonzarse de lo que uno mismo es, esto no es, sin embargo, lo peor de este camaleónico proceder priista.
 
Lo peor en realidad es que importantes sectores de la población sí están confundidos con esta argucia política electoral y si no saben (lo he escuchado en diversos foros en los que he estado) que el PRI está en alianza con el Verde Ecologista, mucho menos saben que hay una cantidad considerable de priistas que lograron penetrar las filas de otros partidos políticos (como Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza e incluso Morena) desde los cuales pretenden llegar o permanecer en el poder.
 
El antiguo orgullo de pertenecer a un partido que devoraba a cualquier adversario político ha quedado reducido a polvo. El mismo Emilio Gamboa Patrón, líder de los senadores priistas, reconoció en una entrevista para Excélsior que el “PRI está muy repudiado”.
 
Si lo reconoce Emilio Gamboa, a cuyo hijo enlistó en la lista de plurinominales para el Senado, entonces hay que creerle, sobre todo porque ser priista en la actualidad representa corrupción, impunidad y (para aludir a Gamboa Patrón) tráfico de influencias, de ahí que los priistas se avergüencen de ser priistas y de ahí que se hayan puesto sobre el pecho y la espalda otros colores partidistas con el objetivo de ser otros sin dejar de ser los mismos.
 
La sociedad medianamente informada sabe reconocer a un priista aun cuando traiga una camiseta distinta, pero grandes sectores de la población están confundidos con este chilaquil de ofertas electorales a los distintos cargos de elección popular. Son aquellos candidatos que representan la verdadera alternancia del partido en el poder quienes no sólo están obligados a presentar propuestas atractivas para la ciudadanía sino también, asunto no menos crucial, a desenmascarar a todos esos lobos vestidos de ovejas que andan vendiéndole a la sociedad gatos por liebres. Sobre la situación del PRI se ha dicho mucho: desde que es un partido que debe renovarse hasta que es un partido que debe desaparecer.
 
Ni una propuesta ni otra parece ser válida. Lo que realmente estamos viendo es que el PRI se está fundiendo en otros partidos, confundiéndose con ellos y, luego de corromperlos, renaciendo igualito que siempre, por eso es que aunque surgen más partidos nuevos seguimos viendo los mismos rostros políticos de siempre, muchos de los cuales ya con probada mala reputación. Atentos, pues, paisanos colimenses a la hora de emitir su voto este próximo 1 de julio. Pongan agudo juicio en aquello que eligen, no vaya a ser que, nuevamente, no tengan más remedio que arrepentirse.

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