La Universidad de Colima planea su porvenir

Pese a la pandemia y aun bajo el fervor de las campañas políticas, la Universidad de Colima no detiene su intenso trabajo en beneficio de la sociedad colimense, y hay que enfatizarlo así pues no es de poca trascendencia para el desarrollo de la entidad. Por eso, en los pasados días nuestra máxima casa de estudios, bajo el liderazgo del activo rector Christian Torres Ortiz, anunció ya los procesos de inscripción para los niveles de bachillerato y licenciaturas, decidiendo que no será hasta el próximo ciclo escolar cuando se determine lo del regreso formal a clases, decisión final que obviamente dependerá de las condiciones en las que se encuentre la emergencia sanitaria, que, como toda pandemia, pude cambiar de manera súbita. Asimismo, el rector Torres Ortiz concretó la primera reunión de preparación para su Plan de Desarrollo Institucional 2022-2025, que sentará las bases para generar las estrategias y la ejecución de las mismas a fin de fortalecer el desarrollo integral y sustentable de nuestra máxima casa de estudios, y la forma en que también tendrá que transitar su rectorado. Lo que el rector ha propuesto es “tener una muestra representativa que nos permita tener las voces de todos los sectores. Será enriquecedor tener la colaboración de todos y todas para que el trabajo sea incluyente, horizontal y que todos vayamos al mismo ritmo, porque éste será un trabajo fundamental para la hoja de ruta que trazaremos para este periodo rectoral”. Para aquellos que han criticado (irresponsablemente, diría yo) a la universidad de no tener rumbo y de hacer las cosas mal, este ejercicio cuidadoso de planeación estratégica institucional muestra con claridad los esfuerzos que se tienen que conjuntar y las diversas sinergias que se tienen que armonizar para darle siempre a la universidad un rumbo claro en todos sus ámbitos, incluidos los que involucran lo financiero, pues está claro -ya lo ha dicho el rector mismo- que los tiempos en este sentido son difíciles y, como siempre ha sucedido, la institución se adaptará a ellos, pese a que los gobiernos que la sufragan no asuman a cabalidad su responsabilidad. La idea de que la elaboración del plan institucional de desarrollo contenga las voces de todos los sectores universitarios -de ahí su horizontalidad- con el fin de que desde ahí se pueda planificar el futuro universitario habla bien de la forma en que el liderazgo rectoral busca consolidarse en su gestión. No es a través del “porque lo digo yo” (que vimos mucho en la forma en que los partidos políticos designaron a sus candidatos en estas elecciones) como se puede abonar a la democratización de los procesos, sistemas e instituciones, sino, más bien, por medio de los consensos, la discusión juiciosa e incluso la crítica propositiva y bienintencionada como realmente se puede construir un futuro promisorio en cualquier ámbito de la vida, incluido el personal, más aún el institucional. Planeación estratégica será una palabra clave para darle a la institución en lo sucesivo viabilidad futura, pero también para protegerla de todos aquellos afanados en causarle daños al honor y prestigio de toda su comunidad, pues recordemos -una vez y otra vez- que nuestra máxima casa de estudios es una identidad plural y diversa, en algunos casos contrastante, que, pese a quien le pesare, tiene en su unidad la más grande de sus fortalezas. 

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