La UdeC en la Feria

Tenía once años que no iba a la Feria de Colima, muy a mi pesar, pues si algo disfruto en la vida es deambular por lugares donde convergen todos y todas (tianguis, mercados, circos, verbenas, la Feria). Este año he podido ir (casi) todos los días. La he recorrido de principio a fin, en incansables, sí, pero jubilosas caminatas con mi mujer e hijos.

Nos gusta comer cañas, algodones de azúcar (recién hechos), elotes (con todo y mazorca), nueces (con cáscara), agua de coco (de la que está en la calle contigua al palenque) y tortitas de nata (con una señora que tiene unas manos de ángel). No nos importa si hay sol o está lloviendo, igualmente los toldos de los comercios nos sirven para una cosa u otra. Tampoco si es temprano o tarde, ya no distinguimos el paso del tiempo. Lanzamos dardos a los globos como pelotas a las canastas, perdemos y ganamos. Todo lo hemos escuchado, olido, tocado, sentido y, lo digo sin arrogancia, visto también.

De entre las presencias que sobresalen en el área de exposiciones es, sin duda, la de nuestra Alma Máter, que no podía faltar. Su stand es ejemplar y está con una gran actividad diariamente. Una gran felicitación les envío a los responsables del mismo. Nosotros nos sentamos en la banca contigua (cuando comemos cañas o elote) y nos deleitamos con su programación. Mis hijos no se atreven a participar, pero igual ponen la mano en visera para ver con claridad. Nos ha tocado ver a la Rondalla, al grupo Litoral, al coro, e incluso tuvimos la suerte de estar ahí cuando se presentó la Compañía de Danza Universitaria en el teatro al aire libre, con un lleno total. Fue un deleite.

He visto por ahí críticas a nuestra Feria, la más grande de las fiestas populares de Colima. Yo no he notado yerros. No los hay en un espacio donde se reúnen todos y todas, ricos y pobres, proletarios y grandes empresarios, sanos y enfermos, y en donde el común acuerdo es el encuentro y la felicidad. Es muy positiva la presencia de nuestra máxima Casa de Estudios en ese lugar de confluencias de todo tipo, pues su labor y función sociales la obligan de hecho a no pasar indiferente ante tan gran acontecimiento social.

Yo seguiré yendo hasta el último día, si es preciso todos los días. Observaré como el cazador de venado todos sus rincones, mi ojo entrenado para hurgar más allá de las córneas no dejará rendija insondable. Los que no hayan ido, háganlo y no dejen de visitar el stand de nuestra Alma Máter. No se arrepentirán y se sentirán orgullosos de pertenecer a ella. Lo juro.

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