La Radio Universidad y yo

Quiero hablar, desde un plano muy personal, de nuestra Radio Universidad, y quiero decir, primeramente, que yo me levanto todos los días a las cinco de la mañana a escribir, un poco como lo hacía el gran Ernest Hemingway o lo hace Haruki Murakami, el autor del genial libro de relatos Después del terremoto. Como ellos, aunque no con el éxito de ellos, yo a las cinco en punto de la mañana (o madrugada, para muchos) estoy escribiendo, poco después de haber leído un par de poemas y haberle dado unos tragos a mi té (de jengibre, de canela, de cúrcuma, etcétera). Entonces me pongo a escuchar, en mi pequeña radio azul, nuestra Radio Universidad.

Sintonizo el 94.9 de Universo y empiezo a escuchar, todavía en penumbras la selección musical de lo que creo se llama la Fonoteca. No sé a quién se le haya ocurrido la idea de la selección, pero es exquisita: música internacional, sonidos de otras lenguas, que dan la sensación de flotar o viajar en universos paralelos o en atmósferas inhóspitas, hechas nada más para nosotros. No me impondría contra todos aquellos que suelen levantarse más bien tarde, aunque se duerman temprano, pero si invitaría a aquellos otros que lo suelen hacer a que sintonicen Universo FM a esas horas de la mañana, no importa que no sea para escribir. Mi nueva novela, por ejemplo, que ya está en proceso de revisión, la escribí y la estoy revisando escuchando la programación ofrecida por la fonoteca de Universo 94.9 a esas horas de la mañana.

Ignoro si después se repita la misma programación, porque ya no vuelvo a escucharla en todo el resto del día, o si sea distinta, pero aunque fuera la misma no creo que la sentiría del mismo modo si la escuchara al mediodía o en la noche. Yo sé que es un trabajo titánico para los programadores de la radio, pero por un extraño prurito me gustaría en algún momento poder saber el nombre de las canciones y los cantantes que escucho en otras lenguas e incluso las lenguas mismas (aunque distinga algunas: francés, portugués, hindú, etcétera), para así poder registrar en mi diario mental aquellas canciones que provocaron ciertas atmósferas narrativas que escribo al mismo tiempo de escucharlas.

Porque eso es precisamente la literatura: una cadena de atmósferas hechas de pequeños e intransferibles instantes que guardan un color, un sabor, un olor, un sonido, un ritmo de algo que nos sacudió el interior de las entrañas, para siempre. Esto era lo que quería decir de nuestra Radio Universidad y de mi relación con ella, a esas horas de la madrugada, entre las cuatro paredes que conforman mi pequeño recinto escritural.

Escribe un comentario en este artículo

Comentarios