La prueba del polígrafo

Es inevitable tocar un tema que alcanzó en esta semana repercusiones internacionales, como lo demuestra la nota publicada en el periódico El País. Este tema es el de la prueba del polígrafo que presuntamente reprobó el gobernador Mario Anguiano antes de que fuera gobernador del Estado. El video, publicado por el periódico El Universal, corrió como reguero de pólvora en las redes sociales y en otros medios de comunicación nacional, sobre todo porque, casi al mismo tiempo, se habían dado los narcobloqueos que causaron alarma en la sociedad colimense y, además, unos días antes el candidato panista a la gubernatura Jorge Luis Preciado había acusado al ex gobernador Moreno Peña de sus vínculos con el narcotráfico, específicamente señalando su relación con Los Caballeros Templarios de Michoacán, donde Moreno Peña fuera delegado durante la campaña de Fausto Vallejo, a quien se le evidenciaron lazos estrechos con La Tuta, líder del cártel mencionado. El debate sobre el video del polígrafo, sobre el cual el gobernador decidió no declarar, aun cuando Diario de Colima, vocero de la campaña de Nacho Peralta, ha insistido en que lo haga, se ha centrado básicamente en quién pudo haberlo filtrado (si el PAN o el Otro PRI) y no en las graves repercusiones que esto tiene para la campaña de Nacho Peralta y, sobre todo, para el propio desprestigio del PRI como fuerza política, en el contexto de estas elecciones. Por donde se le vea, y aunque los asesores nachoperaltistas intenten lo imposible por desvincular al candidato priista de estos dos grupos de poder, Peralta Sánchez no podrá quitarse “la camiseta” ni sacurdirse la responsabilidad ni el compromiso que tiene para su partido y sus partidarios, a menos que cambiara de instituto político o volviera a nacer. Nacho Peralta se encuentra en medio de un PRI dividido en dos bandos, ahora bajo fuego: por un lado, el PRI de Mario Anguiano y, por otro, el PRI de Moreno Peña (conocido como el “Otro PRI”), éste último, como lo he sostenido siempre, la verdadera amenaza para el futuro de Colima. Por todos es sabido que Peralta Sánchez ha sido impulsado y está comprometido con el PRI de Moreno Peña, pero fue desde el día en que el candidato priista hizo los cambios en su campaña (esos donde Federico Rangel tomó la dirigencia estatal del PRI, Mely Romero la coordinación de su campaña y Rogelio Rueda la vocería) que el Otro PRI (especialmente Moreno Peña) sintió amenazada su exclusividad con Peralta Sánchez, lo que provocó que el propio Moreno Peña, al ver que su secuestrado político se iba con sus adversarios, declaró que estos (principalmente refiriéndose a Rangel Lozano, a su vez ligado al gobernador Mario Anguiano) nada venían a cambiar a la campaña de Nacho Peralta porque ésta (aunque iba antes claramente en picada, en parte por culpa de Arnoldo Ochoa, rostro visible del “Otro PRI”) ya estaba prácticamente ganada, gracias, por supuesto, al trabajo previo que Moreno Peña había hecho ya. ¿A quién, pues, le conviene que Nacho Peralta se deslinde del gobernador Mario Anguiano, sobre todo ahora que éste ha sido acusado de poner el poder del Estado en favor de la campaña nachoperaltista y podría acreditarse como el principal hacedor de su triunfo, si es que antes esto no ocasiona que se anule la elección? Las guerras de poder internas del PRI no hacen, insisto, en lo general, sino perjudicar a Peralta Sánchez, dejándolo más fracturado de lo que ya estaba y quitándole la poca credibilidad que tenía, sobre todo desde que se echó sobre la espalda la pesada sombra que significó el haber sido impuesto por el presidente Peña Nieto.

 

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