Las guerras sucias de Nacho Peralta

La pasada anulación de la elección para gobernador de Colima dejó, ya lo hemos visto, en la completa orfandad al priismo colimense.

Por un lado, el gobierno saliente de Mario Anguiano logró imponer su desprestigio (deuda pública desmedida, inseguridad incontrolable, corrupción descarada, pobreza extrema) gracias a la propia guerra sucia que el “Otro PRI” implementó desde que la administración anguianista llegó al poder. Fueron precisamente ellos, los del “Otro PRI”, a través de su vocero oficial, Diario de Colima,  los que, al referirse al gobierno de Mario Anguiano, lo tacharon como el peor de la historia de Colima.

Por otro lado,  esta orfandad les vino también vía el propio ex edil capitalino Nacho Peralta, quien desde que fue impuesto candidato por el PRI a la gubernatura nunca gozó de la aceptación social necesaria como para conseguir ganar la elección, teniendo que haber recurrido al poder del Estado para, por medio del fraude electoral, hacerse del triunfo, triunfo que fue recientemente anulado por el Tribunal Federal Electoral.

Si bien es cierto que la mala reputación del gobierno anguianista le pudo ser adversa al éxito de la campaña de Nacho Peralta, es necesario recalcar que ésta no es la causa principal de su derrota. La causa principal es una sola: que Nacho Peralta no tiene el carisma necesario para convencer a la población con sus promesas políticas, que además de esto representa los intereses de una clase política que ha hecho mucho daño a Colima y que, por encima de todo, la sociedad ya lo sabe y no quiere que la gobierne más el priismo colimense.

Esta necesidad apremiante de la sociedad por la alternancia ha puesto de cabeza al propio PRI en general y, específicamente, al mismo Nacho Peralta, quien, con el afán de salir a flote de la marejada que lo ha revolcado, ha tenido que implementar dos estrategias que, contrario a lo que su equipo de campaña piensa, lo hundirán más: una guerra sucia en contra del ex gobernador Mario Anguiano, cuyo radical deslinde ha sido visto en realidad como una actitud de muy poca ética y congruencia política, y una guerra sucia en contra del panista Jorge Luis Preciado, tan evidente que lo único que ha conseguido es que la sociedad sienta todavía más apego por el candidato albiazul, pues han detectado que aquel Nacho Peralta mesurado de la primer contienda electoral (que siempre estuvo en contra de las guerras sucias, aunque las promoviera) devino públicamente en un Nacho Peralta rijoso y difamador.

Sus últimas declaraciones (esas donde hace un recuento de los males del PAN y afirma, refiriéndose a Jorge Luis Preciado, que es lo peor que tiene el PAN como candidato) no hacen sino corroborar esto que digo. Querer arrebatarle a Jorge Luis Preciado la candidatura del PAN a punta de demandas por presumibles delitos electorales también está yendo, de una buena vez se los advierto, en detrimento de Nacho Peralta y en beneficio del propio Jorge Luis Preciado, pues esto ha demostrado la debilidad del primero (Nacho Peralta) y la fortaleza del segundo (Preciado Rodríguez).

No será sólo a través de guerras sucias que Nacho Peralta pueda construir una campaña limpia y triunfadora, sobre todo porque, ahora más que en la elección pasada, la sociedad colimense (incluidos muchos priistas) que antes dudaban en votar por el PAN, cientos o miles ahora le darán su voto sin chistar.

Y será este sin chistar, ya lo verán, lo que le traerá a los colimenses la alternancia que tanto desean.

 

 

 

 

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