La deuda pública de Colima

Lo único que tenemos de cierto es que el Estado está endeudado y que esto ha ocasionado estragos en la sociedad colimense. También sabemos que la deuda pública no es sólo de la administración anguianista o cavacista, como los líderes del “Otro PRI” lo promueven, sino que es una deuda que alcanza incluso a gobiernos anteriores, todos del PRI. Es una deuda estatal, pues, que pertenece a los priistas, pues es esta fuerza política la que ha gobernado siempre el Estado. Todos los priistas, pues, son culpables, incluidos los enemigos del gobierno de Mario Anguiano. También sabemos que la mayoría de los municipios están sumamente endeudados y que estos municipios han sido gobernados por priistas, perredistas y panistas, con lo cual sabemos, pues, que esta responsabilidad no es de una fuerza política sino que tal responsabilidad incluye lamentablemente a todas las fuerzas políticas.

Es debido a esta crisis financiera por la que atraviesa la administración de Mario Anguiano que se ha pedido un crédito por más de mil millones y medio de pesos, con los cuales se piensa estabilizar la crisis. La iniciativa está en este momento en poder del Congreso local para aprobación. La iniciativa ha desatado como siempre filias y fobias, sobre todo porque la realidad local es adversa: la inseguridad se ha incrementado, la salud pública ha mermado y en general pervive un desánimo social que poco incentiva la credibilidad en las autoridades públicas. Si a esto se agrega el descontento generado luego de los resultados de la pasada jornada electoral, donde la evidencia del fraude electoral logró herir la susceptibilidad de los colimenses, será muy difícil que la ciudadanía logre aceptar la aprobación de un préstamo de esa magnitud.

El gobernador Mario Anguiano ha sido enfático en justificar el nuevo préstamo: ha atribuido la crisis al recorte presupuestal federal y ha pedido, incluso, que el Osafig investigue a fondo las finanzas públicas para que determine si existió desfalco o esta crisis financiera se ha debido a los recortes federales. Si existió desfalco, afirmó el gobernador Anguiano Moreno, entonces que se castigue a los culpables con todo el peso de la ley. Aprueben o no los diputados locales este nuevo préstamo, una cosa está clara: la clase política (más allá de las filiaciones partidistas) debe saber que Colima tiene que dar una media vuelta y cambiar el rumbo. No puede seguir así. Aunque los costos políticos parece que no acabarán nunca (esos han sido siempre los saldos del poder), los excesos son impermisibles.

El nuevo gobierno (sea el de Nacho Peralta o el de Jorge Luis Preciado) no puede permitirse más la descomposición del tejido social colimense. La clase política debe estar más cerca de la sociedad, porque estar cerca de algo y sentirlo nos hace más conscientes, nos activa nuestro ser moral. Es esta distancia de la clase política y del pueblo la que tiene a Colima en medio de un agujero de sangre, donde las ejecuciones se han hecho parte ya de nuestro paisaje local, como la pobreza y la desigualdad. Una cosa no debemos olvidar: de nada nos servirá tener las arcas llenas de oro, si vamos a ser incapaces de salir de casa por temor a terminar baleados a mitad de la calle.

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